Opinión / Columna
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René Arce Islas
Hacienda pública con visión de Estado
El Sol de México
23 de septiembre de 2009
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Hace poco más de dos semanas, la Secretaría de Hacienda presentó la propuesta de presupuesto 2010. Después de lo anunciado por el Ejecutivo Federal en el mensaje de su tercer año de gobierno, las expectativas se abrieron, se esperaba que la propuesta de presupuesto marcara la pauta hacia el cambio de rumbo planteado, pero nada. La propuesta de Hacienda no pasó de dos iniciativas mediáticas y nos recetó más de lo mismo: la fórmula de la política fiscal seguida desde hace varios sexenios; por lo que no se ve por dónde se pueda hacer realidad el tan anunciado cambio.
En plena crisis -y con 25 años de crisis recurrentes- parece que no entendemos ni aprendemos de nuestros errores. Seguimos sin definir nuestras prioridades y, por no tenerlas, parece que el país se guía por chispazos u ocurrencias para sólo salir del paso.
Uno de los graves problemas estriba en la política fiscal. En México se sigue a pie de juntillas el dogma de la "disciplina fiscal", ello a pesar de la más profunda caída del PIB mexicano desde la Gran Depresión. Las autoridades hacendarias no quieren explorar la alternativa de aplicar una política fiscal expansiva, incrementando resueltamente la inversión y el gasto públicos; ello se refleja claramente en el programa económico que la SHCP propone para 2010, en el que establece recortes de la inversión y el gasto públicos por 74 mil 200 millones de pesos (0.6 por ciento del PIB), así como un incremento de los impuestos por 176 mil millones de pesos (1.4 por ciento del PIB). Continuidad y no cambio.
Si bien los comparativos no son ideales, sí nos dan una buena referencia en la toma de decisiones. En otros países donde se le ha apostado a incrementar la inversión y el gasto público, las estimaciones de los organismos internacionales son satisfactorias. Veamos. El Fondo Monetario Internacional pronostica que al cierre de este año, Estados Unidos tendrá un déficit fiscal de 13.6 por ciento del PIB y para 2010 su déficit será de 9.7 por ciento del PIB; para Japón anticipa un déficit fiscal de 9.9 por ciento del PIB en 2009 y de 9.8 por ciento del PIB en 2010. En cambio, el déficit fiscal de México será de 0 por ciento del PIB en 2009, sin considerar la inversión de Pemex, y de 2.1 por ciento del PIB considerando dicha inversión; y para 2010 -si el paquete económico propuesto por la SHCP se aprueba- el déficit fiscal será de 0.5 por ciento del PIB sin la inversión petrolera, y de 2.5 por ciento del PIB con dicha inversión.
De acuerdo con pronósticos de la OCDE, si EU continúa con sus políticas de aumentos en la inversión y gasto público, a pesar de haber sido el epicentro de la crisis mundial, para fin de año el PIB caerá 2.7 por ciento; mientras que en México la caída del PIB será de 8 por ciento, y eso que no se trataba de una neumonía.
La discusión no es menor y los problemas se agravan. Los recortes de la inversión y del gasto públicos no sólo traen consigo efectos contraccionistas sobre la actividad económica, sino que afectan las piedras angulares de la productividad y la competitividad en el largo plazo, cortando de tajo el desarrollo para el país. Si no hay inversión en áreas sustanciales para el desarrollo como son educación, salud, ciencia y tecnología, no habrá formación de recursos humanos, construcción de infraestructura, inversión, etc., en una palabra: progreso.
Asimismo, el incremento de impuestos propuesto por la SHCP para el siguiente año -especialmente el 2 por ciento de IVA disfrazado para todos los bienes y servicios y el 4 por ciento sobre servicios telefónicos- no sólo aumentaría la inequidad del sistema impositivo mexicano, sino además traerá consigo efectos negativos sobre la producción, el empleo, el consumo y la demanda.
Si la propuesta de la SHCP se hubiera basado en estrategias para la reactivación económica que no se sustentaran en el alza de impuestos sino en otros mecanismos, la discusión en este momento sería otra. Lo que se cuestiona es por qué el Ejecutivo puntualiza sus prioridades para lograr los cambios que requiere México y el titular de Hacienda recarga su propuesta económica en los que menos tienen.
Los tiempos se acortan para la aprobación del paquete fiscal, pero ello no quiere decir que año con año tengamos que pasar por la misma historia. Ya no podemos postergar indefinidamente la reforma fiscal que México requiere para que el Estado cuente con recursos suficientes para el cumplimiento cabal de sus funciones en el desarrollo. México necesita de una nueva hacienda pública diseñada con visión de Estado. Ya pusimos a discusión el tema energético y se obtuvieron resultados. Es tiempo de abrir el debate y la reflexión a todos los sectores especializados y a la sociedad para cristalizar la propuesta de una reforma hacendaria integral que entre en vigor a partir de 2011. El asunto es ya no posponer nuestro desarrollo como país.
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