Opinión / Columna
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Jaime Alcántara
Distorciones buscadas
Organización Editorial Mexicana
21 de septiembre de 2009
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Un nuevo iluminado. Todo parece indicar que el secuestrador evangélico fue el inicio. Detrás de su captura hollywoodesca, armada para mejorar la imagen de la ineficiente cúpula de la Policía Federal, se esconde un fenómeno que las autoridades no quieren (o no saben) descifrar. El mundialismo (supuestamente soft, para estar a tono) o la globalización (brutal), han enviado a nuestro país tantas plagas como las del apocalipsis. Y no es exageración. ¿Acaso es normal que todos los días nos enteremos que hay descabezados por docenas; o bombazos contra indefensos civiles, como en el caso Morelia? No. Me niego, como millones de mexicanos, a aceptar esto como una realidad inexorable.
En otros tiempos (recientes, por cierto) presumíamos el comparativo de un país tranquilo, sin alteraciones sustanciales. Dos de ellos. "Del Suchiate para el sur hay guerrilla, ""guardias blancas"", inseguridad en las calles, aquí es diferente". Nos enorgullecíamos de saber que en México nunca ocurrían hechos desnaturalizados como al otro lado de la frontera. Como el de aquellos perturbados muchachos que, de pronto, sacaban de entre sus ropas una pistola y se ponían a disparar a diestra y siniestra, dando muerte y sembrando terror entre condiscípulos y mentores. Eso, desgraciadamente, es cosa de nuestro presente. ¿Será que están empezando a manifestarse las amenazas bíblicas que se escribieron desde hace dos mil años? Durante años, y ni negarlo, fuimos puente entre los países productores de droga y el gran comprador del norte. Claro que también hacíamos aportación, pero mínima demanda. Las estadísticas nos dicen, empero, que a principios de este milenio el consumo nacional se incrementó en más de un 200%. Qué quiere decir esto. Sencillo. Que la torpeza, la irresponsabilidad, la improvisación, la ligereza gubernamental, provocaron que en un cortísimo tiempo nos viéramos inundados de tanta porquería, como en aquellas latitudes que las creíamos lejos. Y en este "cambio", por tantos tan buscado, encontramos a un tipo que, armado con dos latas de "jumex", pone a sufrir a la tripulación de una aeronave, y en peligro a los pasajeros que tuvieron la desgracia de llegar en tiempo ese día. Y resulta que es un sujeto que se siente iluminado, pero que, a decir de su esposa, esconde los resabios de un pasado inmediato que se formó alrededor de las drogas. Otros más. Un muchacho de 16 años (ojo Legisladores, para enmendar aquella ley) convence a otros, mayores que él, y privan de la vida a toda una familia.
La última. Un infeliz, Luis Felipe Hernández Castillo, "mensajero ambiental", como han dado en llamarlo, sigue el mismo esquema norteamericano y ultima a inocentes pasajeros que tuvieron la desgracia de cruzarse en su camino. Lector de la biblia, igual. Conductas similares. Uno de ellos porque era el 09 del 09 del 09. Esto es, el nueve de septiembre de 2009. ¿Yyyy? Ah bueno, pues al revés (volteado) es 060606, y eso es cosa del diablo. Ah, jijos. ¿Será que estos fosforescentes cerebros ven más allá que nuestras ordinarias masas encefálicas? Puede ser, digo yo. Tal vez, una mirada reflexiva, analítica, pudiera darnos la clave. ¿Aquellos están previendo que no hay escape a esta perversión de una vida normal?
Un día nos levantamos y quedamos en medio del fuego cruzado. Ya entre malvivientes en cobro de facturas, ya entre policías y mafiosos. Un día de estos se mete un desadaptado social a la oficina donde laboramos, a la escuela donde estudiamos, a la casa, al taller, y sin más ni más nos hace víctimas de sus alucinaciones. ¿Y los medios qué? ¿Y las autoridades qué? Para los primeros, el rating es el rating, sin importar que un niño, un adulto, vea más de mil crímenes al año, producto de la ineficiencia de las estrategias de los segundos.
¿Será este siniestro ambiente el puente para ver la luz al final del túnel? ¿Será a caso el cobro de la vida por no atinar a hacer bien las cosas? Lo único cierto es que, mirando sin apasionamientos, queda sólo aquella vieja sabiduría popular: nadie sabe lo que tiene...
jaimealcantara2005@hotmail.com
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