Opinión / Columna
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Puente de Plata
Humberto Matali Hernández
El Popol Vuh, mito maya
El Sol de México
21 de septiembre de 2009
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"Y así fueron destruidos todos estos hombres, quedando sólo las señales de ellos, los micos
que andan ahora por los montes. // Por eso es que Coy, el Mico, se parece al hombre".
Tomado del "Popol Vuh".
Todas las culturas, a través de los siglos y el entorno, con textos literarios sagrados y místicos, en donde plasman panteones de dioses y justifican su creación divina. Por ejemplo la epopeya de "Gilgamesh", el poema babilónico, que es el texto más antiguo de la humanidad, incluida la Biblia, con sus diferentes versiones o El Corán y las mitologías de Grecia y Roma, o Germanas.
En el continente americano, las mitologías son plenas de magia y misterioso, por eso influyeron en el género literario iniciado el siglo pasado con "realismo mágico". En especial el "Popol Vuh", el libro sagrado de los mayas quichés, reúne las características del concepto de las culturas del continente americano.
Los quichés son habitantes de la zona tropical de Guatemala, El Salvador y sur de México. Forman parte de la cultura maya, por lo tanto el "Popol Vuh" narra la concepción religiosa de los mayas quichés a partir de formación del mundo, las acciones y hazañas de sus dioses, héroes y hombres.
La importancia de este libro radica en que los indígenas, al aprender el español, copiaron traducidos los textos originales. Esos fueron mostrados al misionero dominico Fray Francisco Ximénez, quien era un excelente lingüista y estudioso de las culturas autóctonas, los estudia en lengua quiché y los rescribe en español. Incluso tiene un prefacio que explica: "Este es el principio de las antiguas historias del quiché donde se referirá, declarará y manifestará lo claro y escondido del Creador y Formador, que es la Made y Padre de todo. Esto lo trasladamos en el tiempo de la cristiandad, porque, aunque tenemos libro antiguo y original de esta cosas, ya no se entiende".
El "Popol Vuh" por la influencia de los misioneros tiene rasgos bíblicos. Por ejemplo inicia de forma similar a la mayoría de otros libros sagrados: "Antes de la Creación no había hombres ni animales, pájaros, pescados, cangrejos, árboles, piedras hoyos, barrancos, paja ni bejucos y no se manifestaba la faz de la tierra; el mar estaba suspenso y en el cielo no había cosa alguna que hiciera ruido. No había cosa en orden, cosa que tuviese ser, si no es el mar y el agua que estaba en calma, y así todo estaba en silencio y oscuridad como noche. // Solamente estaba el Señor y Creador, Gucumatz, Padre y Padre de todo lo que hay en el agua, llamado también Corazón del Cielo porque está en él y en el reside".
Incluye el relato sobre la creación de los animales y, desde luego, del hombre, primero de barro blando, pero resulta tonto y consistencia. Probaron con la madera: "Al punto fue hecha de madera la imagen del hombre; se multiplicaron y tuvieron hijos e hijas, pero salieron tontos, sin corazón ni entendimiento. Anduvieron sobre la tierra sin acordarse del Corazón del Cielo. // No tenían agilidad en los pies y en las manos estaban sin sangre ni humedad, tenían secas y pálidas sus mejillas, los pies amarillos y macilenta su carne. Multiplicándose los hombres de madera sobre la tierra llegaron a ser muchos. // Entonces el hombre fue castigado por el Corazón del Cielo. // Cayó un gran diluvio de resina y brea del cielo que los acabó y consumió". Narra como los hombres de madera fueron devorados por los animales por "haberse olvidado de sus Madres y Padres". El fragmento inicial forma parte de esa destrucción de los hombres de madera, que por los nulos sentimientos y la desmemoria ante los creadores y naturaleza. Las características reunidas en los hombres del siglo XXI.
Cuentan las narraciones mágicas como Ahau Tepeu y Ahau Gucumatz, crean de masa de maíz blanco y amarillo a los humanos, cumbre del génesis quiché: "Los primeros hombres creados fueron: Balam Quitzá, el Tigre de la Risa Dulce; el segundo, Balam Acab, el Tigre de la Noche; el tercero, Mahucutah, No Acepillado; el cuarto Aquí Balam, Tigre de Luna. // Mucho gozo fue el que tuvieron cuando despertaron y hallaron cada uno su mujer al lado. // La mujer de Balam Quitzé se llamaba Cahá Paluná, Agua Parada que Cae de lo Alto. // La segunda se llamaba Chomihá, Agua Hermosa y Escogida, mujer de Balam Acab. // La tercera se llamaba Tzununihá, Agua de Gorriones, mujer de Mahucutah. // Caquixahá, Agua de Guacamaya, era el nombre de la mujer de Aquí Balam. / Y aquellos cuatro hombres fueron nuestros primeros padres y éstos son los nombres de las mujeres de donde descendemos nosotros, los quichés".
El "Popol Vuh" incluye una plegaria digna de cualquier religión: "¡Oh, Tú, que eres Creador y Formador! ¡Míranos, óyenos, no nos dejes, no nos desampares! ¡Tú, Corazón del Cielo y de la Tierra! ¡Dadnos descendencia para siempre! Cuando amanezca dadnos buenos y anchos caminos, dadnos paz quieta y sosegada, dadnos buena vida y costumbres y ser. ¡Tú, Huracán, Chips Caculhá, Raxá Caculhá, Tepeu, Gucumatz, que nos engendrasteis, que nos hiciste vuestros hijos!" Desde luego se nota la mano cristiana de los misioneros, como Fray Francisco de Ximénez, pero en el fondo el 'Popol Vúh'".
La versión y vocabulario para este artículo son de la maestra guatemalteca Albertina Saravia, con ilustraciones tomadas de los Códices Mayas, en la edición de Editorial Porrúa de la colección "Sepan cuantos...", la primera edición es de 1965.
matalih@hotmail.com
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