Opinión / Columna
 
Cultura a la mexicana 
Napoleón Fillat 
¿Derechos humanos para los humanos?
El Sol de México
4 de agosto de 2009

  Estos días se inició la polémica respecto a si los delincuentes tienen derechos humanos o sólo son para los ciudadanos que respetan la ley.

El Ejército mexicano aseguró que los organismos de derechos humanos son utilizados por los delincuentes para desprestigiar a la institución, de la misma manera Nelson Vargas pidió que derechos humanos -Comisión Nacional de los Derechos Humanos- no intervenga, ya que "los derechos humanos son para los humanos, no para las bestias", sic.

Sobre este tema creo que la tarea de proteger los derechos humanos representa para el Estado la exigencia de proveer y mantener las condiciones necesarias para que, dentro de una situación de justicia, paz y libertad, las personas puedan gozar realmente de todos sus derechos. Los organismos públicos de derechos humanos representan la evolución cultural que ha tenido nuestra incipiente democracia, ya que conforman la construcción democrática que ha crecido a la par de estos organismos que representan la madurez de nuestra sociedad.

Hasta el día de hoy podemos ver que la independencia de los organismos estatales se ve mermada respecto del Poder Ejecutivo estatal por razones presupuestarias y en otras, como en la facultad para proponer o designar a sus integrantes o consejeros. Creo firmemente que la autonomía de los organismos públicos de derechos humanos se justifica plenamente para conferirles total libertad e independencia ante las propias autoridades, cuya conducta deben supervisar, pero esto no significa que no deban rendir cuentas de su gestión, ni verse exentas de la obligación de transparentar su gestión y abrirse al escrutinio público y de los órganos de representación popular.

Las carencias de la democracia y las instituciones débiles son algunos de los principales problemas para la realización eficaz de los derechos humanos. En México, hemos alcanzado la democracia electoral, más no una democracia ciudadana, es por ello que debemos seguir trabajando en fortalecer las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de estos derechos fundamentales.

El camino aún es largo, no podemos hablar de que en nuestro país se respetan a cabalidad los derechos humanos, el Estado ha sido debilitado por las fuerzas del crimen organizado, lo que ha generado una respuesta violenta y exacerbada por parte de éste.

La ausencia de políticas públicas y planes en materia de seguridad pública nos tienen en el estado de sitio en el que vivimos hoy, recordemos que dentro de todo Estado democrático existe un Estado policía, más o menos reprimido, pues ahora estamos viendo cómo el Estado policía en México es la constante.

La disminución de garantías y la violación a los derechos fundaméntales por parte de la autoridad serán las constantes, mientras que el actual Gobierno continué sin una estrategia para luchar contra la delincuencia organizada.

Hemos visto que en esta lucha contra el crimen, las herramientas, como el arraigo, que se le otorgan a la autoridad son utilizadas como fines políticos para denostar al adversario muchas veces con acusaciones falsas de criminales protegidos.

No es posible que la sociedad permita que se soslayen los derechos humanos en nombre de la seguridad, como el caso de que se acusa que los criminales utilizan a los organismos de derechos humanos para desprestigiar instituciones, nada más alejado de la realidad, ya que debemos recordar que es un juez quien decide con base en las pruebas que le presenta el Estado y no los organismos de defensa de los derechos humanos, los cuales lo más que pueden hacer es una recomendación, que la autoridad decide si cumple o no.

El Ejército mexicano y la Armada de México son unas de las instituciones más valiosas y honorables del Estado mexicano, pero que al asumir las responsabilidades que no lograron desempeñar las autoridades civiles, se ven atrapados entre su responsabilidad constitucional y el juicio de la historia.

Hoy más que nunca, en un Estado fallido, que tiene los mismos niveles de criminalidad y violencia que si sufriéramos de una guerra civil, la intervención de los organismos públicos de derechos humanos es indispensable para la consolidación democrática.

Pero lo bueno es que ya llegamos al fondo... ¿o no?

Napoleonef©hotmail.com
 
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