Opinión / Columna
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Rutilio Escandón
Educación, competitividad y desarrollo social
Organización Editorial Mexicana
21 de julio de 2009
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Se dice que para que un país sea próspero, se debe invertir en educación, así lo afirman organismos como la UNESCO y la OCDE, las cuales aseguran que la inversión en educación va de la mano con el crecimiento económico.
Los países desarrollados son un claro ejemplo de ello, ya que una de sus mayores fortalezas es el nivel y la calidad de su educación. La misma OCDE señala que el promover una mayor calificación del capital humano, mediante la educación, eleva la productividad laboral, la cual en las últimas décadas, ha contribuido al menos con la mitad del crecimiento del PIB per-cápita en la mayoría de los países desarrollados; en estas naciones, obviamente, la calidad de vida de sus pobladores es mayor que en las que se invierte menos en este sector.
En los países en desarrollo, el panorama es muy distinto: según dicho informe, en América Latina, por ejemplo, existen alrededor de 42 millones de analfabetos, y el acceso educativo para los indígenas (que son una de las minorías mas marginadas) no llega ni a dos por ciento, los alumnos que van a la universidad no son ni 20 por ciento de su población total, y el porcentaje de científicos-investigadores está alrededor del tres por ciento del total mundial, lo cual, indudablemente, ha sido una de las causales de que Latino-América sea la región con mayor desigualdad social en el mundo y una de las menos competitivas.
Por desgracia, en los gobiernos de nuestros países (y aquí remarcamos el nuestro) no se ha hecho lo suficiente por incentivar la educación de calidad, aun cuando la UNESCO ha reiterado que el derecho a educación de calidad para jóvenes y adultos es responsabilidad del Estado.
Sin embargo, la realidad de nuestro país nos ha mostrado que los gobiernos neoliberales evaden (cada vez más) su responsabilidad de proveer educación gratuita y de calidad para todos, convirtiendo a la educación superior en un asunto de elites (quien pueda pagarla). De este modo, mientras las autoridades federales se han cansado de presentar cifras alegres que demuestran, según ellos, un mayor gasto en el sector y mayores avances, la realidad nos muestra situaciones como la de que nuestros estudiantes de primaria y secundaria se localizan en los últimos lugares en calidad educativa, según los organismos internacionales, y en la educación superior, que es la que hace la diferencia entre una sociedad desarrollada y una subdesarrollada, el problema se vuelve colosal.
Es así que año con año, observamos que ante la creciente demanda de jóvenes que buscan acceder a escuelas públicas como la UNAM, el IPN o la UAM, estas nobles instituciones se ven imposibilitadas para absorberlos a todos, y aun reconociendo los esfuerzos de algunos gobiernos estatales como el de la Ciudad de México, que ha creado nuevas instituciones públicas y gratuitas de educación media superior y superior, cientos de miles de jóvenes quedan excluidos del sistema educativo superior de nuestro país en cada ciclo escolar, coartando así, sus anhelos de tener un mayor desarrollo humano y un mejor nivel de vida.
Ante tales problemáticas, es indispensable que nuestro país siga los lineamientos de la UNESCO, exhortando al Estado a tomar su papel de proveedor de la educación; es necesario, a su vez, que el gasto que se destina a este sector, además de ser mayor, tenga una mejor planificación, destinándose mayores recursos a sectores clave, como a la capacitación de maestros, los planes y programas de equidad y calidad educativa, la investigación científica y tecnológica, sobre todo de las universidades públicas, que son las que ejecutan casi la totalidad de este tipo de exploración, y finalmente a su vinculación con el sector público y privado del país (PYMES), en lugar de dilapidar recursos públicos vitales en programas de televisión estériles o automóviles de lujo, entre otras tantas corruptelas.
Con ello estaríamos en el camino correcto para lograr que el gasto educativo detone realmente el crecimiento, la productividad laboral y el desarrollo social, logrando también que el sistema educativo siga siendo un bien público, lo cual coadyuvará, indudablemente, a eliminar la desigualdad, ya que la educación iguala a los hombres.
rescandonc@prdleg.diputados.gob.mx
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