Opinión / Columna
 
Rutilio Escandón 
La catapulta
Organización Editorial Mexicana
8 de julio de 2009

  El sector primario ha sido la plataforma de despegue para el progreso de casi todos los países desarrollados, hablamos de naciones muy poderosas, como las que componen la Unión Europea (en su mayoría), como China (en sus primeras etapas) o como nuestro principal socio comercial, los Estados Unidos de Norteamérica.

En ellos, el agro ha tenido la función de soporte y catalizador para los sectores de la transformación (industrial) y el de los servicios; generadores ambos de altos niveles de crecimiento y bienestar social. Claro está que sus gobernantes han colaborado en ello, primero al darle al agro el valor que merece y después actuando en consecuencia, con medidas de protección diversas y a cualquier costo. Ejemplo de ello, son los aranceles, subsidios y salvaguardas con los que estos estadistas han resguardado (valga la redundancia) a su campo; situaciones que han ocasionado un acalorado e interminable debate sobre esta posición (principalmente en las negociaciones que ha impulsado la OMC desde la Ronda de Doha y también las que surgieron por el intento de aprobación del ALCA); y es que paradójicamente estos países que ejercen tan alto proteccionismo de su sector agropecuario, son al mismo tiempo los más exigentes respecto de la globalización con libertad total; esto es, eliminar todo tipo de obstáculos que distorsionen el comercio, donde los subsidios y aranceles son lo primero que les estorba.

Aun con lo contradictorio que pareciese la concepción y el actuar de estas naciones es entendible, lo que definitivamente es incomprensible son las políticas que han desplegado los Gobiernos mexicanos en las últimas décadas; donde no comprendemos cómo se negoció un Tratado de Libre Comercio (TLCAN) con socios comerciales con sectores mucho más fuertes y consolidados (casi todos) que los nuestros, sin las salvaguardas o reservas necesarias para proteger a sectores cardinales para nuestro desarrollo como lo es precisamente el campo, ante lo cual me surge otro cuestionamiento ¿Por qué no se previeron mecanismos para disminuir estas asimetrías como lo han hecho los europeos?

Desgraciadamente a la de por sí complicada situación de la apertura de nuestro sector agropecuario tenemos que sumarle la problemática interna que es realmente triste y vergonzosa, en México hablar del campo ha llegado a convertirse en sinónimo de extrema pobreza, donde la emigración obligada de millones de compatriotas a tierra ajena es cosa de todos los días y con lo cual, hemos perdido hasta la ventaja comparativa de la mano de obra abundante (bono demográfico), debemos añadir que los adelantos científicos y tecnológicos son ínfimos y la planeación inadecuada o de plano nula; negligencias que las autoridades han mantenido por años, observando como espectadores el hundimiento y resquebrajamiento de nuestro campo.

Ante tan grave panorama, sólo tenemos una opción para rescatar al agro, unir esfuerzos para conseguir apoyo integral y suficiente, no sólo económico sino social, el nacionalismo que mostremos todos es imprescindible, debemos tomar en cuenta que nuestro agro está prácticamente agonizante y si no generamos las condiciones necesarias para reactivarlo de inmediato seremos cómplices de la debacle que hoy en día ya ha comenzado. Y es que ser totalmente dependientes de las importaciones para satisfacer las necesidades alimenticias de nuestra población en tiempos de crisis y carestía, donde todas las naciones tienen como prioridad su mercado interno y las necesidades de su población local, es un riesgo muy alto.

rescandonc@prdleg.diputados.gob.mx
 
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