Opinión / Columna
 
Rutilio Escandón 
Esencia de la equidad
Organización Editorial Mexicana
30 de junio de 2009

  En recientes colaboraciones esquematizamos la conveniencia de cimentar el circuito inversión-crecimiento-desarrollo en el bono demográfico (capital humano) por medio de un Estado (Gobierno) participativo que promueva la equidad y la justicia distributiva (economía del bienestar) como prerrequisito para alcanzar mayores estadíos de desarrollo. Antes de pasar al análisis de los sectores económicos que por su impacto social abonarían grandes beneficios a este objetivo, haremos un paréntesis para agregar otra pieza fundamental para un proyecto de desarrollo armónico de cualquier nación, la política social.

Podemos entender a la política social, como el conjunto de acciones que instrumenta un Gobierno, para incrementar la calidad de vida de su población a través de una serie de herramientas y estrategias que dirige a sus grupos de interés focalizados con anterioridad, basando esto en la satisfacción de sus necesidades esenciales (alimentación, vestido, salud, vivienda, educación, empleo, esparcimiento, etcétera) para lo cual, siempre debe tener en cuenta la equidad.

Desafortunadamente, en México no se ha aplicado una política social eficaz por décadas (y si se ha hecho ha sido un total fracaso), prueba de ello es la desigualdad que gradualmente ha sumido en la miseria a millones de mexicanos (alrededor de 50 millones), colocándonos como uno de los países más desiguales del orbe, así como una de las naciones con mayor pobreza infantil, fenómeno que ha sido señalado en repetidas ocasiones por organismos como la ONU, la CEPAL y la OCDE.

Ante ello, en los estados y municipios gobernados por la izquierda hemos impulsado una política social palpable para la población, con la intención de paliar estos grandes rezagos en el corto plazo y con la finalidad de revertirlos gradualmente. Sabemos que para algunos panistas y priístas los programas promovidos por la izquierda sobre todo por los Gobiernos de la Ciudad de México (ayuda a personas de la tercera edad, a madres solteras, útiles escolares, desayunos escolares, atención médica y medicamentos gratuitos, preparatorias y universidades gratuitas, seguro de desempleo, etcétera) son asistencialistas, populistas o dádivas como ellos los llaman, sin embargo, para la gente beneficiada no lo son y la prueba es la confianza que nos siguen dando, incluso, ante el éxito obtenido, varios de ellos han sido copiados por el Gobierno federal para aplicarlos en todo el país, lo cual nos da una gran satisfacción aunque no se nos reconozca el impulso.

Lamentablemente con las políticas neoliberales que se han ejecutado desde 1982, México se ha convertido en un prototipo de desigualdad, situación que ha detonado otros malestares como el desempleo, la migración e incluso, el incremento de la criminalidad, calamidades causadas por el dogmatismo negligente de los neoliberales y que hoy en día, ellos mismos no pueden detener.

Por ello, agregaría que hoy en día la política social no solamente es un instrumento de política económica, también es un pilar de la gobernabilidad, y aún más allá, de la seguridad nacional; ya que uno de los objetivos primordiales de la seguridad nacional, debe ser el incluir a toda la población en los beneficios del crecimiento, lo cual sólo puede lograrse por medio de una eficaz política social de lo contrario, la frustración causada por la falta de oportunidades y por los elevados niveles de pobreza, suele reflejarse en inestabilidad y falta de confianza en el régimen político.

rescandonc@prdleg.diputados.gob.mx
 
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