Opinión / Columna
 
Rutilio Escandón 
¿Prerrequisito para el desarrollo social?
Organización Editorial Mexicana
16 de junio de 2009

  En las últimas semanas abordamos el inextricable tema del desempleo que, hasta hoy, ha sido un obstáculo insalvable para los Gobiernos nacionales que han desfilado desde hace casi treinta años, mencionamos así mismo, el poco interés o la impericia que han mostrado para utilizar el bono demográfico con el que contamos desde entonces y que es nuestro más significativo insumo productivo, ventaja en la que deberían haber basado la promoción del círculo virtuoso; inversión (en capital humano), crecimiento y desarrollo social. Así mismo, en nuestra última colaboración señalamos otro cardinal detalle que dichos Gobiernos no han tenido en cuenta, esto es, que la satisfacción de las necesidades más elementales de la población es un elemento sin el cual y en definitiva, no podremos aspirar a estadíos más avanzados de desarrollo.

En este contexto, el día de hoy pondremos en la mesa un tópico que aunque es muy socorrido en tiempos electorales, nunca se cumple a la hora de gobernar, nos referimos a la economía o Estado de bienestar social.

Aunque algunos economistas neoliberales de la actualidad (sobre todo funcionarios públicos) hayan sumido al gremio en la incredulidad por su fanatismo ante los dogmas neoliberales que han demostrado su eminente fracaso para generar bienestar en todo el mundo, por mantener a costa de todo su obstinada idea de dejar fluir las libres fuerzas del mercado (oferta y demanda), promoviendo un Gobierno desregulador y poco participativo, aun ante crisis recurrentes y el vertiginoso ensanchamiento de la pobreza, debemos aclarar que no todos los economistas han estado de acuerdo con esas políticas.

Desde el siglo XIX, economistas de la talla de John Stuart Mill expusieron ideas progresistas como la necesidad de contar con un Estado de bienestar social, justicia distributiva e incluso, que promoviera la equidad de género. Por supuesto, Karl Marx con su innovador Materialismo Dialéctico que plasmó en su Teoría del Valor, puso en evidencia que sólo el capital variable o trabajo genera valor, esto es, que la labor que desempeñan los trabajadores es la que genera la riqueza de una sociedad y que desafortunadamente, en el régimen que él nombra como Capitalismo, esta riqueza es inherentemente mal distribuida, generando explotación de los obreros, bajos salarios, desempleo y miseria. Incluso, dentro de los teóricos neoclásicos (de los cuales se desprende el dogma neoliberal) Vilfredo Pareto dentro de su Manual de Economía Política de principios del siglo XX, expone su Teoría del Equilibrio general y la economía del bienestar, donde afirma que el bienestar social óptimo se obtiene sólo si se genera riqueza nueva sin perjudicar a ningún otro individuo al ponerlo en una situación más endeble de la que tenía antes de que se generase esa nueva riqueza, o lo que es lo mismo, se debe generar riqueza con sentido de equidad y justicia social.

En este sentido, una economía de mercado sin regulación o sin intervención gubernamental, no es la mejor opción para promover la equidad, la democracia y el desarrollo social, ya que no garantiza justicia distributiva (adecuada distribución del ingreso) y por lo tanto a la larga, la prosperidad de una nación, premisa que en nuestro país y en el mundo entero se ha vuelto innegable ante las contundentes experiencias que hemos vivido por tres décadas. ¿O usted qué opina amigo lector?

rescandonc@prdleg.diputados.gob.mx
 
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