Opinión / Columna
|
Enviado Especial
Alexis Grivas
Ya hay aspirantes
Organización Editorial Mexicana
22 de mayo de 2009
|
Cannes, Francia.- Apenas dos días antes del cierre del certamen y las películas parecen colocarse ya en la perspectiva de los premios del domingo con la codiciada Palma de Oro a la cabeza.
La primera película en competición de ayer, la austriaca Cordón Blanco, se añadió a las otras candidatas viables para el premio mayor, como Estrella Brillante, de Jane Campion; El Profeta, de Jacques Audiard, o Hierbas Enloquecidas, de Alain Resnais.
El austriaco Michael Haneke regresa con El Cordón Blanco a Cannes, el festival que lo ha llevado a la celebridad a través de sus filmes, la mayoría de ellos presentados aquí, unos pertinentes retratos de los recovecos más negros del alma humana (Funny Games, Código Desconocido, La Pianista) y de sus compatriotas.
La temática de Cordón se sitúa en la misma línea, aspirando dar una imagen en perspectiva e intemporal de la sociedad austriaca sobre la que pesan varios estigmas, desde actos cotidianos de perversidad, creciente xenofobia y la acogida y crecimiento del nazismo en suelo austriaco.
Haneke traza el retrato de la relaciones entre los habitantes de un pueblo en el norte del país a inicios del siglo XX y más precisamente en 1912-13, poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial.
La pequeña sociedad de protestantes, regida por formas y modos seculares (el barón terrateniente, el regidor, el pastor, el maestro), se debate en medio de la zozobra que provoca una serie de eventos inusitados que ponen en evidencia tensiones y antagonismos hasta aquel momento reprimidos bajo el pretexto de buenos modales y de obediencia ciega a Dios y a los dictados del conde Haneke, logrando revelar esta transformación que lleva el pueblo al borde de la catástrofe en el momento mismo en que se declara la guerra, adoptando una narrativa austera, desprovista de efectos dramáticos y hasta parca en detalles chocantes de violencia que brotaban en varias de sus películas pasadas.
Todo está casi medido al centímetro: las situaciones, los cuadros, los pocos movimientos de cámara y la excelente foto en blanco y negro, todo se combina sirviendo a la maravilla la mirada, casi quirúrgica, fría, castigadora y condenatoria de Haneke.
* Frío filme francés
No corrimos con la misma suerte en la segunda película en competición de ayer, la tercera francesa en esta sección, Al Principio, donde Xavier Giannoli narra la historia, inspirada de un hecho real, de un fraude sin intención de lucro. Lo inusitado del caso, o más bien su tratamiento por Giannoli, es que no logró animar la sala y el asunto se acabó con bastantes bostezos en la presentación matutina reservada a la prensa.
* Colombia, bajo Una Cierta Mirada
Menos mal que esto se compensó de alguna manera media hora después a raíz de la presentación en Una Cierta Mirada del filme colombiano Los Viajes del Viento, donde el joven Ciro Guerra trata de plasmar para la pantalla grande la leyenda que acompaña un acordeón y su propietario.
El filme, donde abundan escenas de gran belleza, es desigual, algo largo, pero tiene a su favor el tacto y la delicadeza con la que Guerra en este su segundo largo (La Sombra del Caminante, 2001) se enfrenta a su tema que, a la vez, tiene la forma de un viaje iniciático para el joven que acompaña al propietario del acordeón durante el largo viaje que aquel emprende para llevar el instrumento a un viejo que se lo había prestado.
Latinoamérica, aunque sin película en competición, fue bien representada este año en otras secciones del certamen con primeros y segundos filmes.
Prueba de esto: Mal día Para Pescar, del uruguayo Álvaro Brechner; la dos películas chilenas: Huacho, de Alejandro Fernández Almendras, y Navidad, de Sebastián Lelio -presentadas en la Quincena de Realizadores y la Semana de la Crítica, secciones que concluyeron ayer con su programación, la segunda presentando además, como cada año, en una función especial las películas premiadas en el Festival de Morelia, en esta ocasión las de octubre del año pasado-, en presencia de su directora Daniela Michel.
México estuvo presente, por otro lado, este año en otras menos publicitadas, pero igual de interesantes secciones paralelas de Cannes. Fue el caso del largo de Nicolás Pereda, Perpetuum Mobile, coproducido con Canadá, filmado en video y estrenado en la sección ACID (Asociación para la Difusión del Cine Independiente), y de Ana, el nuevo proyecto de animación de largometraje de Carlos Carrera en proceso de desarrollo y de finalización de coproducción, que fue invitado para tales fines al Pabellón de las Películas del Mundo.
Entre tanto, Daniel y Ana, el debut de Michel Franco presentado en la Quincena, sigue con favorable aceptación en varios medios, tanto por la realización como por la prestación de sus dos intérpretes principales, Marimar Vega y Darío Yazbek Bernal, hermano menor de Gael.
Screen International anuncia justamente en su edición del jueves aquí que este último compartirá estelares con Benicio del Toro en la nueva película de Martin Scorsese, Silencio, que será rodada a finales del año en Japón, basada en un libro de Shusaku Endu y con guión de Jay Cocks, a propósito de dos jesuitas portugueses que se introducen ilegalmente en Japón en la época que el cristianismo estaba prohibido en aquel país.