Opinión / Columna
 
Federico Ling Altamirano 
Tres piedras pesadas
Organización Editorial Mexicana
16 de mayo de 2009

  El tramo de camino histórico que estamos recorriendo los mexicanos durante estos meses está resultando muy dificultoso. No solamente por las condiciones que impiden atacar de manera efectiva los problemas nacionales, sino también por las consecuencias que para muchos ciudadanos pueden tener en lo particular. Es imposible calcular el número de ellos que viven angustiados y no lo hacen gratuitamente.

Sería prolijo querer hacer aquí una lista de esas dificultades o problemas, aunque resulta conveniente recordar que junto a los escollos de mayor magnitud subsisten, a manera de telón de fondo, la calidad de nuestro sistema educativo en muchas áreas en particular, pero también en su conjunto. Nivel por nivel, materia por materia existen insuficiencias y rezagos bastante dramáticos; sin embargo, creo que la estructura general, incluido el sindicato y la pobreza del sector también hacen daño. También habría que mencionar el ancestral problema del campo, la falta de productividad y justicia social para ese sector primario de la economía que necesita, amén de otras medidas, una consideración hacia la elevación humana. Tierra, agua, crédito, tecnología y organización (TACTO, por sus siglas) pueden ser el método para lograrlo.

Otros obstáculos a vencer son: nuestra falta de competitividad en un mundo globalizado, el deterioro ecológico del planeta, la administración de justicia, el nivel ético de muchos políticos, la extensión de la corrupción, etc. Pero paso a mencionar el enorme peso de las tres grandes piedras que debemos los mexicanos hacer a un lado, sobre todo si trabajamos con un mínimo de unidad entre nosotros. No se vale pues, dejar el paquete para que lo resuelva íntegramente "el Gobierno".

La piedra más pesada es seguramente la seguridad pública, objeto fundamental y razón principal de ser de un Estado. El presidente Calderón así lo entiende y desde el comienzo de su mandato ha sido firme en el propósito de librar una lucha a fondo contra el crimen organizado. Los hechos nos han ido revelando la magnitud del problema, han sacado a la luz las profundas raíces de la actividad criminal, especialmente el narcotráfico, pero también el secuestro, el tráfico de personas, las redes de pornografía infantil y otras más. El contexto es dramático por las complicaciones adicionales. Me refiero a la escasa cooperación por parte de las autoridades estadunidenses, por la infiltración en los cuerpos policíacos, las complicidades más diversas que se pueden imaginar entre los poderes fácticos y la llamada "sociedad civil". Todo eso ha ido saliendo a la luz, pero los avances hacia lo correcto y deseado por casi toda la sociedad mexicana ahí están y deben ser valorados.

La crisis económica global es la siguiente piedra que gravita sobre nuestra vida actual. Para no describir nuevamente las evidentes culpabilidades del sistema financiero del vecino del norte, me limito a decir que la presente tormenta no la generamos los mexicanos, pero sí la padecemos, aunque menos de lo que pudo ser, porque nos tomó más o menos preparados. Sin embargo, la pérdida de empleos en un tiempo en que necesitábamos generar más y más fuentes de trabajo es muy de lamentarse: Los precios del petróleo no ayudan a México tanto como podría ser y la reforma energética pudo ser más a fondo si algunos tabúes no hubieran salido a relucir. La solución para salir más pronto está en ser austeros y disciplinados, así como audaces e imaginativos. En resumen, tienen que salir a relucir las mejores cualidades de los seres humanos: la inteligencia y la voluntad a toda prueba, así como un mínimo de la gran virtud social que es la solidaridad. Algo difícil mas no imposible.

La tercera piedra grande son los estragos causados por la epidemia de influenza. Los daños a la economía han sido importantes, sobre todo en el sector turístico y de transporte aéreo, a manera de ejemplo. Pero, sin salud no se puede ir muy lejos y hay que aprovechar las grandes enseñanzas de la crisis epidemiológica, para corregir las deficiencias ancestrales del sistema de salud. Ojalá que las correcciones que se vayan implementando tomen en cuenta lo siguiente: por muy mal que se pueda hablar del Gobierno y las fallas de organización la pregunta sería ¿sin gobierno, hubiésemos podido detectar, dar la alarma, organizar investigaciones, implementar medidas, suspender las clases en todo el país? Y al ver que no hubiésemos podido hacerlo como simples ciudadanos o grupos sociales, creo que es mejor tener gobierno, aunque sea malito; que soñar con utopías y perecer de influenza, dengue, SIDA, o cualquier otra epidemia.

Hay que reconocer la diligencia y la voluntad que han puesto en este problema el presidente Calderón y el secretario de Salud, Córdova Villalobos. Y mi aplauso para las falanges enormes de médicos, enfermeras y personal administrativo que se han fajado como los buenos con la situación.

Nota.- De las elecciones federales de este año no hablo deliberadamente, para no complicar más las cosas. Espero que sean satisfactorias.
 
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