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Opinión
![]() Federico Ling Altamirano
La amistad y el interés
Organización Editorial Mexicana
18 de abril de 2009
No cabe duda que en esta serie de opiniones que constituyen esta columna, misma que se ha prolongado ya varios lustros he comentado en diversas ocasiones que la amistad entre México y Estados Unidos es simplemente un deseo de buena voluntad que tiene su alimento en nuestro país por la forma cálida de ser de los mexicanos y las mexicanas. Pero tengo mis dudas acerca de si esos deseos también existen en forma clara del otro lado de la frontera. Entre mis amigos circula un dicho aprendido de nuestros maestros: "que no haya ilusos para que no haya desilusionados". Se trata de una verdad simple y fácilmente verificable
Por otro lado, lo que sí se puede documentar es un buen cúmulo de motivos para que la amistad no florezca. Quizás el obstáculo principal radique en la mentalidad de ambos pueblos que no facilita la confianza mutua. Las razones históricas de 1847, cuentan; pero los embargos contra el aguacate y el atún mexicanos, cuentan; al igual que lo hace la prohibición a los camioneros de México para internarse en territorio de allá; y hasta los resultados de los últimos juegos de futbol ganados por los primos. Pero habría que saber que los mismos pueden sentarse a hacer una lista de lo que les incomoda de nosotros. Sin embargo, recordemos al famoso secretario de Estado de Eisenhower, quien dijo lo que es una verdad de política real, de política práctica. "Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses"; y conforme a esa sentencia actúan. El pasado jueves escuchamos frases esperanzadas acerca de la cooperación en la lucha común contra el crimen organizado. Somos vecinos, somos socios, somos amigos y debemos ser aliados en temas como el negro asunto del consumo de drogas, el flujo y lavado de dinero, el contrabando de armas, se dijo. Se valen tales expresiones en un contexto de periodo inaugural, como es el que vive Barack Obama. Al menos, no viene al caso el escepticismo y la frustración que denotaban las relaciones con Estados Unidos en los tiempos finales del régimen Bush. El presidente norteamericano está todavía en los famosos 100 días de gracia y la frescura de su discurso es algo que se agradece. Pronto veremos si los hechos respaldan en buena medida a las palabras. No se puede esperar que una visita de 20 horas deje concretados muchos acuerdos en temas difíciles y hasta espinosos, como es el de la migración. Otros asuntos son de envergadura mundial, como el de la crisis económica. Tienen que transcurrir algunos meses más para que se deje sentir la recuperación económica en el vecino del Norte y con ella el regreso de las inversiones en nuestro país así como la recuperación y la expansión del empleo para los mexicanos. Afortunadamente, pienso si esta crisis general en el mundo habría de venir, yo hubiera deseado estar en México. Este México actual que se ve amenazado por peligros fuertes, pero que están siendo afrontados con mano firme en lo que toca al presidente Calderón. No hará falta mucho tiempo para comprobar aquello de la amistad y del interés. En esta materia vale la pena ser realista. Sin embargo, se debe seguir postulando la solidaridad universal de todos los pueblos de la Tierra y la colaboración amistosa de los mismos para intentar resolver los grandes problemas que son comunes en todos los puntos del globo terráqueo. Y no me refiero solamente al muy evidente problema del calentamiento planetario, ni al de la pobreza extrema y el hambre que afecta a continentes enteros, ni a la salud, el empleo, la educación y tantos otros, sino a todo el paquete que solamente podrá ser manejado cuando hayamos cambiado nuestros paradigmas acerca de lo que es la vida humana en sociedad. La visita del presidente Obama rápidamente se irá diluyendo en la memoria de todos. Así son estas cosas. Pero se puede aspirar a que los hechos duros del futuro, aunque sean pocos, nos recuerden que una reunión entre presidentes puede ser algo más que protocolo, seguridad, cenas, envidias y agendas ocultas. Ojalá que algún mejoramiento de la situación migratoria pueda rastrearse hasta estos días de abril en que se reunieron en los alrededores de Chapultepec los altos mandatarios y sus comitivas, cuyo papel irá apareciendo poco a poco. Para disgusto de Huntington, la geografía nos hizo vecinos y para gusto de la General Motors y Citigroup, la parte rentable de sus consorcios está en México. Todos podemos ser más grandes si somos más positivos. Columnas anteriores
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