Opinión
Ecos Lejanos
Gabriela Mora Guillén
Edad vs experiencia

El Sol de México
12 de abril de 2009

Conforme pasan los años, hemos venido observando que la juventud se impone ante personas de la tercera edad, de manera que, aun sin llegar a la vejez, las oportunidades principalmente en materia laboral se niegan sin considerar la experiencia, el talento y los conocimientos que los antecesores nos puedan aportar.

Tal parece que en nuestros tiempos, la edad se ha convertido en un gran problema para salir adelante: solamente con analizar los anuncios en que las empresas solicitan personal advertimos que rebasados los 45 años de edad, las oportunidades se cierran casi por completo, pese a la juventud, la fuerza y el empeño que podamos tener -a los 47 aún siento el vigor y el entusiasmo para afrontar cualquier reto por muy difícil que parezca, no obstante, parece que la mayoría de los patrones no piensan igual.

Derivado de las prestaciones salariales que las instituciones públicas ofrecieron hasta hace poco tiempo, encontramos infinidad de personas que an sin contar con 50 años de vida, gozan ya del beneficio de la jubilación; sin demeritar el esfuerzo y trabajo realizados "durante sus años productivos", resulta irónico pensar en un ser todavía fuerte y en plenitud de facultades físicas y mentales, viviendo absolutamente la "sicología del anciano".

Por otra parte, existe la tendencia a jubilar a personas de 60 a 65 años: Hace poco me encontraba con un catedrático universitario que, en plenitud de su saber científico y sus conocimientos, lo habían jubilado. Me lo decía con verdadera tristeza: "Sencillamente te dan las gracias, te dicen que pases por tu cheque. Te piden que ya no impartas más clases, te quitan tu oficina, tu secretaria y... ¡hazle como puedas!" Concluía: "¿Y todos esos años de experiencia, de preparación, de dominio sobre mi saber científico? ¿Va a parar todo a la basura por el sólo hecho de que cumplí 65 años, cuando justamente ahora me siento todavía con mucho entusiasmo y vigor para seguir dando clases? No me parece justo, aunque así lo establezca la ley".

En estos tiempos de crisis económica, requerimos de mujeres y hombres que trabajen intensamente, con pasión, con gusto de colaborar en el bien común. No podemos darnos "el lujo" de desechar a hombres con gran sabiduría por el sólo hecho de que ya cumplieron 60 años.

Basta mirar a la antigua Grecia y Roma, donde las personas mayores eran particularmente consideradas y se les pedía su sabia opinión (por cierto, de allí viene la palabra "senador", de "senior" -en latín-, refiriéndose al cúmulo de conocimientos y experiencias que suelen adquirir las personas mayores). Antes se les valoraba en mucho, ahora sencillamente se les desecha como seres inservibles a la sociedad.

Lo cierto es que está ocurriendo una "bomba demográfica", ¡pero de despoblación! Desde los años 60, muchos especialistas en demografía vaticinaron una lamentable realidad: "El Crecimiento Cero en Europa". En otras palabras, se prevé que hacia el año 2040 o 2050 habría drásticamente un mayor número de ancianos que de niños y jóvenes.

Como consecuencia de las políticas antinatalistas, la despoblación en México y el resto de los países está a la vuelta de la equina. El demógrafo Longman en su documental "El Invierno demográfico: el declive de la familia humana" muestra crudamente esta verdad. "La realidad más siniestra de la vida en el siglo XXI será el desplome de los índices de natalidad humana en casi todas las partes del mundo". El periodista Jeff Jacoby, en un reciente trabajo de investigación, concluye: "La fertilidad humana lleva años descendiendo y se encuentra ahora por debajo de los niveles de reemplazo en muchos países".

En México, los directores de kinders y escuelas primarias comentan que -a diferencia de hace 30 o 40 años- el llenar los colegios de alumnos es tarea ardua, porque hay menos niños.

Independientemente de la urgencia de reconsiderar el importante papel de la familia humana y la necesidad de que tengan hijos, el peso económico de una nación no puede recaer en una reducida población juvenil, para sostener a millones de pensionados y jubilados.

Adicionalmente, hemos de reconocer el esfuerzo realizado por diversas instituciones públicas y privadas para que personas de la tercera edad tengan asegurada su manutención, vivienda, medicinas y, en general, una vida digna hasta el final de sus días, después de muchos años de trabajo fecundo.

gamogui@hotmail.com
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