Opinión
Luis Hernández Palacios
Crisis y catastrofismo

Organización Editorial Mexicana
1 de marzo de 2009

Se ha dicho mucho que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (o con la misma cama). Esto es resultado de la ignorancia, o de la falta de memoria. Ignorancia para evadir la repetición de actos, o de desconocer la historia, lo que vendría a ser lo mismo que la falta de memoria. Para quienes son ignorantes, o carecen de memoria, la crisis económica actual y sus amplísimas secuelas sociales no tienen referentes ni antecedentes. Por eso les sorprende la mínima alusión que se haga a ellos. No de otra forma se explica la andanada de denuestos que ha tenido la intervención de don Carlos Slim en el Seminario sobre el tema convocado por una institución del Senado de la República.

Para los especialistas en la materia, de prácticamente cualquier corriente, la crisis es algo que ha venido presentándose con recurrencia en la historia del desarrollo capitalista mundial. No en balde la denominación de "crisis cíclicas". Si bien hay diferencias en la conceptualización de las causas, características y efectos de las mismas. La crisis actual venía siendo anunciada por muy destacados economistas del establecimiento gubernamental y financiero norteamericano y europeo, que no son precisamente "profetas del desastre". Pero en el ámbito político de algunos países, como el nuestro, pareciera que estos antecedentes no existen. Por eso se insiste que se trata solamente de un fenómeno coyuntural menor, de que con algunos pocos paliativos sería posible salir adelante, en corto plazo.

La importancia del planteamiento de Carlos Slim ha radicado en hacer presente las similitudes, por lo menos en cuanto a manifestaciones y efectos en las economías más importantes del planeta, y por consecuencia, en sus socios menores, de la ya famosa crisis de 1929. Ese año se inició una profunda recesión en Estados Unidos que impactó a todas las economías industriales y, por consiguiente, a los países exportadores de materias primas y alimentos, como era el caso de los países de América Latina. Por eso no es menor reconocer que esta crisis, que significó la extinción de la llamada "economía exportadora", presentó una secuela de desempleo y empobrecimiento en nuestros países. Pero también es importante recordar que para países como Argentina, Brasil, Chile, México, Colombia y Uruguay significó, también, la oportunidad de un cambio hacia un proceso de industrialización sustitutiva de importaciones. Procesos clásicos que hasta el estudiante más desaprensivo de bachillerato logra (o lograba identificar antes de la debacle educativa actual). Por eso Slim señaló que, en las condiciones actuales, podría ser la crisis la oportunidad de refundar el modelo económico.

Pero lo que hay que complementar en el análisis es que las circunstancias políticas de 1929, en México, eran muy distintas de las actuales y existía una voluntad transformadora, resultado de la Revolución Mexicana, que puso en pie cambios económicos, políticos y sociales que aprovecharon las condiciones de crisis para llevar a cabo las propuestas de cambio.

Hoy se insiste en señalar que, de los países de mayor desarrollo en América Latina, México es el que enfrenta mayores dificultades para superar los efectos de la crisis. Existen pocas perspectivas de que se puedan producir acuerdos políticos que logren dar suficiencia a una reorientación del modelo económico. Ya no se trata de establecer medidas asistencialistas para enfrentar el desempleo y la pobreza pues éstas han demostrado ser insuficientes para activar la economía, pero al mismo tiempo desmovilizan las capacidades individuales y sociales, lo que ha venido significando un profundo lastre en la formación de capital social en el país.

Repensar la economía no solamente en materia de regulación de los mercados financieros y de reorganizar las líneas productivas del país para lograr encadenamientos eficientes que aprovechen, sobre la base de un efectivo control nacional, nuestros recursos naturales. Repensar en estos términos, desde luego que no es catastrofismo.
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