Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
El asesinato de Madero y Pino Suárez; El magnicidio

El Sol de México
8 de febrero de 2009

18 DE FEBRERO DE 1913

Tras la aprehensión del presidente Francisco I. Madero, del vicepresidente José María Pino Suárez y varios de los ministros del gabinete, el general Victoriano Huerta, que está comiendo en el restaurante Gambrinus en compañía de Gustavo Madero y de un grupo de oficiales, es informado que el general Aureliano Blanquet ha hecho prisioneros a Madero y Pino Suárez.

Huerta se levanta de la mesa y le disculpa ante los comensales: "Don Gustavo, me llaman para una diligencia peligrosa. Como no traigo mi pistola, le ruego me preste la suya".

Madero responde: "¡Cómo no! ¡Aquí la tiene!".

Nada más marcharse Huerta, una veintena de guardabosques de Chapultepec hacen preso a Madero y provisionalmente lo encierran en el guardarropa del Gambrinus.

Ya en Palacio Nacional, Huerta, tras apersonarse ante Madero y Pino Suárez, y salir sin dirigirles la palabra, exclama: "¡Viva la República", y sube al despacho presidencial donde dicta una proclama dirigida a la opinión pública.

A continuación redacta una nota dirigida al embajador Henry Lane Wilson, donde le comunica haber hecho prisionero a Madero y le ruega poner tal hecho del conocimiento del presidente William Taft.

A las cinco de la tarde ordena poner en libertad a los ministros que acompañan a Madero y que a éste y a Pino Suárez los trasladen a las habitaciones del intendente de Palacio Nacional.

Por la noche, Huerta ingresa a la Embajada de Estados Unidos, informa a Lane Wilson y se firma El Pacto de la Ciudadela, que luego será conocido popularmente como El Pacto de la Embajada.

A la medianoche se le informa a Huerta, que ya está en posesión del Palacio Nacional, que el general Manuel Mondragón exige la entrega de los prisioneros, cosa a la que Huerta se niega conceder.

19 DE FEBRERO

Por la mañana, Huerta envía a los gobernadores de los estados el siguiente mensaje: "Autorizado por el Senado, he asumido el Poder Ejecutivo, estando presos el Presidente y su gabinete".

El embajador de Cuba, Manuel Márquez Sterling, le envía una nota a Lane Wilson, donde le ruega que "por ser decano del Cuerpo Diplomático disponga del crucero 'Cuba', anclado en el puerto de Veracruz, por si la mejor medida fuera sacar del país al señor Madero".

Márquez Sterling hace llegar una nota a Madero donde le informa de la petición hecha a Lane Wilson y Madero comenta con Pino Suárez que sería conveniente renunciar a la Presidencia y desde el destierro "podré seguir preocupándome por la suerte de la patria".

A la hora de la comida llega a Palacio el secretario de Relaciones Exteriores, Pedro Lascuraín, convertido en mediador forzoso, y le pide a Madero escriba su renuncia, cosa que hace en un papel y a lápiz: "Ciudadanos secretarios de la honorable Cámara de Diputados: En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá en la nación y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de Presidente y vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. México, 19 de febrero de 1913. Francisco I. Madero, José María Pino Suárez", y firman ambos.

A las cuatro de la tarde, sin contar con el quórum necesario, la Cámara de Diputados inicia sus sesiones.

Tras prolongados debates llegan a la Cámara las renuncias de Madero y Pino Suárez a sus respectivos cargos, que después de prolongadas deliberaciones son aceptadas, designando para ocupar el cargo a Pedro Lascuraín, quien inmediatamente nombra secretario de Gobernación a Victoriano Huerta y renuncia al cargo de presidente provisional asumido unos minutos antes y, acto seguido, Huerta asume el Poder Ejecutivo y protesta ante la Cámara de Diputados.

El Consejo de Ministros acuerda que "el expresidente y el vicepresidente de la República sean consignados al procurador general de la República, para que este alto funcionario formule conclusiones y los acuse de los delitos que hayan cometido".

Antes de que esto suceda, Madero pide a su hermano Ernesto Madero pedirle a Lascuraín que "no renuncie él hasta que nosotros estemos en Veracruz".

Don Ernesto regresa a Palacio: "Llegué tarde. Ya Huerta es presidente y en estos momentos llega a Palacio".

Madero exclama: "¡Estamos perdidos. ¡Nadie me quita dos años de Penitenciaría, cuando menos!".

Huerta ingresa a Palacio y las campanas de la Catedral Metropolitana son echadas a vuelo.

20 DE FEBRERO

Félix Díaz envía un telegrama a su tío Porfirio Díaz, que está en París, Francia, informándole: "Derrocado gobierno Madero, la República, siempre agradecida, espera de usted sabios y prudentes consejos".

Díaz contesta: "Me siento orgulloso al ver que un hijo mío, los de mis viejos compañeros y sus camaradas, sustituyen ante la patria a los que hemos concluido".

El gabinete, acordado en el Pacto Díaz-Huerta, queda integrado: Francisco León de la Barra, Relaciones Exteriores; Alberto García Granados, Gobernación; Rodolfo Reyes, Justicia; Jorge Vera Estañol, Instrucción Pública; Alberto Robles Gil, Fomento; David de la Fuente, Comunicaciones; Toribio Esquivel Obregón, Hacienda, y Manuel Mondragón, Guerra.

Horas después, las Fuerzas de la Ciudadela, encabezadas por Díaz y Mondragón, desfilan frente a Palacio Nacional.

21 DE FEBRERO

Huerta concede una entrevista a la prensa mexicana y a los corresponsales extranjeros y declara: "Me ocuparé solamente del restablecimiento de la paz, hasta obtenerla a toda costa, a fin de dar garantías a nacionales y extranjeros".

Madero y Pino Suárez son retenidos en Palacio Nacional "a disposición de la Secretaría de Guerra".

22 DE FEBRERO

Por la mañana, Huerta expide un Manifiesto a la Nación en el que hace un llamado "para que se colabore con el régimen de conciliación y el restablecimiento de la paz".

Hacia el mediodía, la Secretaría de Gobernación comunica a los gobernadores de los estados "el cambio de gobierno que acaba de efectuarse" y la Suprema Corte de Justicia de la Nación "felicita en pleno al general Huerta por su toma de posesión".

EL ASESINATO

Eran las 10 de la noche del sábado 22 de febrero de 1913.

Madero y Pino Suárez acaban de apagar las luces y se disponían a dormir, cuando entraron al cuarto el coronel Joaquín Chicarro y el mayor de rurales, Francisco Cárdenas, vestido de charro.

-"Señores, levántense" -ordenó Chicarro.

-"¿A dónde vamos?" -preguntó Madero, incorporándose sorprendido.

-"Los llevamos fuera, a la Penitenciaría" -respondió Cárdenas.

El general Felipe Ángeles, a quien se ordenó permanecer en Palacio, "abrazó emocionado a sus dos amigos". Hubo pocas palabras. Al salir se agregaron al grupo el oficial de rurales Rafael Pimienta, el capitán Agustín Figueras, el cabo segundo Francisco Ugalde y otros dos rurales más.

A la puerta de Palacio Nacional esperaban dos automóviles negros. En el primero, de la marca "Protos", propiedad de Alberto Murphy, esposo de una sobrina de Carmelita, la mujer de Porfirio Díaz, fue introducido Madero. Cárdenas se sentó a su lado y en el asiento delantero se ubicaron los dos rurales.

En el segundo subió Pino Suárez. El automóvil, un "Packard", propiedad del yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, lo custodiaba el capitán Figueras y Pimienta.

Los vehículos partieron en medio de la noche, avanzaron por la calle del Reloj, hoy República de Argentina, y dando vuelta por la calle de Cocheras siguieron hacia la de Lecumberri, en la cual se hallaba la Penitenciaria o Palacio Negro de Lecumberri.

Al llegar frente a la puerta de metal del penal se detuvieron un momento y como emprendieron de nuevo la marcha, Madero "preguntó alarmado": -"¿A dónde vamos?".

-"Vamos a entrar por atrás", respondió Cárdenas.

-"No hay puertas..." -replicó Madero.

No dijo más, mantuvo silencio ante la falta de respuesta de Cárdenas.

Los automóviles enfilaron por una calle angosta, empedrada y totalmente a oscuras, a cuya derecha se alzaban los altos y lisos muros del penal.

Los automóviles se detuvieron y Cárdenas dijo a Madero: "Baje usted", y "le dio un empellón".

Madero descendió del auto y, nada más pisar el suelo, el mayor Cárdenas le disparó, por atrás, en la cabeza. La muerte de Madero fue instantánea.

Al mismo tiempo, en el otro automóvil, Pino Suárez, obligado a bajar del vehículo por Pimienta, tropezó y cayó a tierra. Pimienta le disparó un tiro, casi al mismo tiempo que Cárdenas disparaba sobre Madero. Ya herido, Pino Suárez trató de correr y gritó:

-"¡Socorro, me asesinan!

Palabras que recoge Ramón Prida en su obra "De la dictadura a la anarquía", publicado en 1958, y a continuación describe los hechos:

"Cárdenas, al oír el grito, violentamente se dirigió hacia donde corría el señor Pino Suárez y con certera puntería le dio un balazo. Esta vez, herido en la cabeza, el señor Pino Suárez entonces cayó al suelo, pero no muerto. Entonces se ordenó a los gendarmes hicieran una descarga sobre el cuerpo yacente y Cárdenas le dio el tiro de gracia en la cabeza. Cárdenas regresó donde estaba tirado el señor Madero y disparó un nuevo tiro sobre la cabeza del infortunado expresidente de la República, no obstante que desde el primer disparo había muerto. Los cadáveres fueron llevados a la Penitenciaria, allí envolvieron al señor Madero en un cobertor colorado y el del señor Pino Suárez en una frazada color gris, llevándolos a enterrar en seguida en uno de los patios del edificio".

23 DE FEBRERO

Revista de Revistas publica en su edición matutina la versión oficial acerca de las muertes de Madero y Pino Suárez: "El señor presidente de la República, general Victoriano Huerta, ha reunido su gabinete hoy a las doce y media de la noche, día 22, para darle cuenta de que los señores Madero y Pino Suárez, que se encontraban detenidos en Palacio a disposición de la Secretaría de Guerra, fueron conducidos a la Penitenciaría, según estaba acordado, cuyo establecimiento se había puesto bajo la dirección de un jefe del Ejército.

"El cortejo partió por las calles de Moneda hasta llegar a la estación de San Lázaro. Declara el mayor Cárdenas que, al llegar a uno de los puentes que hay sobre el camino que conduce a la Escuela de Tiro al Rastro, pasando por la Penitenciaría escuchó un grito de '¡Viva Madero!' y casi al mismo tiempo se oyó una descarga de fusilería que destruyó los cristales del auto. Parece que más adelante, a espaldas de la Penitenciaría, salieron otros hombres haciendo fuego.

"Aprovechando un momento de confusión, los señores Madero y Pino Suárez trataron de huir en dirección del grupo que hacía fuego, quedando a merced de los tiradores.

"Después de algunos minutos de combate quedaron en el suelo tres cadáveres de los asaltantes y dos de los rurales, además de los cadáveres de los señores Madero y Pino Suárez":

CÁRDENAS SE SUICIDÓ

Después del magnicidio, Cárdenas, disfrazado de traficante de mulas, logró huir a Guatemala.

El Gobierno mexicano, enterado de su presencia en la República de Guatemala, pidió formal extradición a dicho Gobierno, el cual realizó efectivamente las investigaciones para la aprehensión del fugitivo.

El arresto de Cárdenas se llevó a cabo el 20 de diciembre de 1928. "El prisionero fue llevado por la plaza principal de Guatemala, momento en el que, sorpresivamente, sacó una pistola que llevaba guardada en una de sus botas, disparándose rápidamente en la boca y volándose los sesos".

Trasladado de urgencia al hospital, en su agonía "afirmó ser el asesino de Madero".

En otra versión se dice que Cárdenas, quien había sido aprehendido y estaba en la prisión de la ciudad de Guatemala, "sospechando que sería entregado al gobierno constitucionalista, se ahorcó en su celda".
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