Opinión / Columna
 
Eduardo Andrade Sánchez 
Sistema partidocrático
Organización Editorial Mexicana
28 de diciembre de 2009

  DÍA 1124. EL ÍNDICE DE MORTANDAD SE UBICÓ EN 13.54 MUERTES DIARIAS

VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA EN LO QUE VA DEL SEXENIO.

Ahora que desde la mismísima Presidencia de la República se proponen cambios al sistema político a partir de una pésimo diagnóstico de la realidad y se quieren trastocar principios básicos que han operado correctamente en dicho sistema, habría que preguntarse si efectivamente tales cambios pueden influir de modo determinante en la orientación partidocrática que muestra nuestro régimen político en la práctica. Debemos partir de reconocer que la evolución, el desarrollo y el fortalecimiento de los partidos en la vida política los ha colocado en un lugar preeminente con relación a la toma de decisiones, al grado que se afirma que el centro verdadero de poder de las estructuras estatales de la época actual se ha desplazado hacia las direcciones de los partidos.

Este fenómeno se ha denominado "partidocracia". Lorenzo Caboara la define como la "democracia degenerada en el poder oligárquico de uno o más partidos políticos; el Estado partidocrático es aquel en que el poder resulta monopolizado, más o menos legítimamente, por un partido o por una pluralidad de partidos aliados".

El desplazamiento de los poderes institucionales del Estado a los partidos, puede producir según el citado autor, dos consecuencias: la sustitución de los partidos en el papel del Estado o la desintegración de éste. El primer caso presenta las características siguientes: pérdida de la independencia de los diputados; sacrificio de la capacidad de los representantes en busca de una mayor disciplina de partido; transferencia de la voluntad popular a la voluntad partidista; deshumanización del diputado, que se convierte en un mero instrumento de votación para el partido; devaluación política de la asamblea legislativa y desarrollo del proceso real de legislación fuera del Parlamento; falta de control real sobre el gobierno; confusión de los poderes del Estado; pérdida de funciones reales del Parlamento; deterioro de la vida política local por la imposición de criterios partidistas; monopolización de la actividad política, que impide la creación de nuevos partidos, y consolidación monolítica de la administración del Estado, que impide el pluralismo efectivo.

En el otro extremo, caracterizado por un pluripartidismo desquiciante en el que no se logra una coalición mayoritaria, el resultado es la paralización de la acción del gobierno, el vacío de poder, la carencia de un proyecto definido y un proceso legislativo fragmentado y caótico. Entonces, dice Fernández de la Mora, "los partidos no sustituyen al Estado en el ejercicio de la soberanía, sino que, al disputárselo, lo invalidan o lo descuartizan". A este fenómeno, afirma, debería llamársele, con propiedad, "partidocaos". Todo indica que en nuestra realidad se combinan los dos extremos.

eandrade@oem.com.mx
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas