Opinión / Columna
 
Arsénico... y Encaje 
Miguel Ravelo 
Vargas Llosa y el pez priísta
La Voz de la Frontera
9 de diciembre de 2009

  Siempre es un deleite leer al peruano. Su prosa supera las expectativas de quien apenas lo conoce. Navegar en su inspiradora narrativa es algo que vale la pena hacer, de vez en vez. El cosmopolita, el parisino por adopción, es indudablemente alguien con quien las letras universales estarán en deuda. Ojalá, y en justicia, diferente al inolvidable Borges, los ojos de los calificadores de la literatura mundial lo tengan en su memoria. Vargas Llosa nació para escribir... aunque ha querido hacer política.

De este arte, de esta ciencia, al parecer es un tanto ajeno. Y no es pecado desconocer tal o cual tema. Lo punible es que se pretenda saber cuando no se tienen las herramientas para entender lo que es para otras capacidades. No hace muchos años, cuando el PRI estaba en el poder, dijo [que] "...era la dictadura perfecta". Y quizá tenía razón, porque dictaba cátedras de política. Era toda una maquinaria bien aceitada para gobernar, porque entendía perfectamente lo que precisaba el pueblo para ser feliz. Y no se trataba de pan y circo, sino entender que la gente piensa, siente; come, hace planes. En el caso del sudamericano, él fue entrenado para escribir, para la prosa, para la narrativa, para la imaginación. Claro que hay sus excepciones, como el dominicano Juan Bosch, Winston Churchill, quizá hasta Julio César. Pero eso no se da por el simple hecho de querer. No, la política es algo para lo que se nace. Se puede cultivar cuando se tiene algo, pero no se puede inventar. Así, el paisano de Fujimori en su referencia a México cometería otro error, similar al que consumó cuando perdió frente al "Chino", como peyorativamente lo llamaban Vargas Llosa y muchos más. Y al entender lo que quiso decir el creador de "Pantaleón y Las Visitadoras" de aquel sistema político mexicano, habría que deducir lo que tanto él como muchos poderosos del mundo, sobre todo de América (desde Alaska hasta la Patagonia), querían: ver destruido el PRI. Y el PRI cayó. Pero no calló, afortunadamente, porque hoy la mayoría de México lo extraña. Extraña esa dictadura perfecta que no conocía lo de hoy, incluyendo al escritor peruano: la frustración de millones, que saber que puede haber un mejor futuro.

El jueves, para ser preciso, el autor de "Los Cachorros" dijo que México debería ser la potencia número uno del subcontinente, no Brasil. Y rehizo sus teorías. Claro que volvió a la carga. Que si el PRI, que si los vicios, que si esto, que si lo otro. Lo cierto es que, de tanto repetirlo, pareciera que quisiera verlo de nuevo en el horizonte inmediato. Tal vez quiera escribir una versión de "El Pez en el Agua", versión mexicana. Esperemos que esta vez su carga, su animadversión, no le impidan ver que las causales de las desgracias son las improvisaciones de quienes no entienden que para hacer política, hay que entender de política. Porque nada hace más daño que la improvisación en toda actividad del ser humano. Claro que, también, hay excepciones. Pero la teoría del "Chino" que fue aplicada allá, en el pobre Perú (igual que el pobre México de estos tiempos), siempre la han querido implantar en un sinnúmero de naciones. . Y con las malas conductas de algunos políticos se quiere endilgar a todas las calamidades que puede padecer cualquier país. Pero es entendible que si los profesionales no pueden resolver los problemas de fondo, sí pueden anteponer salvedades para que no ocurran desgracias de grandes dimensiones.

Claro que también se puede probar con vaciladas como la de López Obrador con el folclórico, famosísimo y flamante delegado de Iztapalapa: Juanito, por obra y gracia de la estupidez.

Tiempos ha, en los que Brasil competía con México, tiempos que volverán, para fortuna y pez de nosotros y de Vargas Llosa.

jaimealcantara2005@hotmail.com




 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas