Opinión / Columna
 
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Armando Aguirre 
Adiós al gran Felipe
La Voz de la Frontera
28 de junio de 2011

  Si mal no recuerdo fue el gran escritor colombiano Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, quien acuñó esta impactante frase: "La tragedia de llegar a vivir tantos años, es ver partir a todos nuestros amigos y seres más queridos".

¿Cómo no sentir dolor por un amigo que se nos marcha y a quien ya no volveremos a ver? Cuando apenas llegaba a su ciclo de vida, una vida productiva para disfrutar de un retiro después de haber ejercido durante tantos años un oficio estresante donde todos los días se barajan los acontecimientos del mundo, en los cuales el buen periodista ejerce su criterio para publicar lo que sea más trascendente para el público.

El maestro, el gran amigo Felipe de Jesús López Rodríguez, se nos fue. El fatalismo nos arrebató a un ciudadano ejemplar que como periodista, como amigo, como ciudadano, nos dejó el recuerdo maravilloso de su vida dedicada a pulsar los acontecimientos de cada día, impregnándolos al publicarlos con la vibrante emoción de nuestra comunidad, unas veces con la alegría de los sucesos buenos para nuestros lectores y otros con la tristeza de las noticias que parten el corazón. Ese corazón que ya no quiso funcionar después de tantos años de verse sacudido por el alma.

Cumplió Felipe con su destino poniendo a prueba su resistencia física, llevando la alegría y la noticia fatal a la comunidad.

Nos deja un ejemplo de honradez y de profesionalismo, dos virtudes tan pesadas y ahora tan peligrosas en este oficio del periodismo donde más pronto o más tarde habremos de seguir la huella de nuestro honrado y honroso director de LA VOZ.

Gracias Felipe. Podría dedicar una página para hablar de ti, pero desafortunadamente mis neuronas son cada día más escasas. Agobiado por los malestares y la debilidad ocasionados por mi problema renal, ni siquiera pude estar presente en la misa en la cual tu alma fue despedida para que tus cenizas volvieran a ser parte de la tierra, mientras tu alma volara al cielo donde moran las almas nobles.

Adiós Felipe. Estoy seguro de que algún día volveremos a encontrarnos y ya sin el temor de un corazón cansado, podremos hablar libremente, tú como director de este gran diario LA VOZ y yo como humilde colaborador de la sección editorial.
 
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