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Opinión
![]() Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Semana Azteca
Organización Editorial Mexicana
30 de agosto de 2008
Napoléon y el Consejo Nacional de Seguridad.- En general, y salvo expresiones muy serenas y civilizadas como la segunda Marcha por la Seguridad, la gente no le da mucha pelota a las medidas con que la autoridad pretende restarle intensidad a la guerra civil neoterrorista que desangra a México. Eso de los pactos, y de los juramentos de que si no bajan los delitos renuncio lo han oído tantas veces, que sencillamente no lo registran. Quienes están frenéticos, histéricos, enloquecidos, son los "capos" del narcotráfico, de los secuestros y de las ejecuciones. Algo les hace sospechar que por esta vez las cosas van en serio. Y reaccionan subiéndole el volumen al caos infernal, enviando un claro mensaje a la sociedad y al Gobierno: si se sienten muy sabrosos, la cosa se va a poner más peor.
El jueves, por ejemplo, cuando apenas se apagaban los ecos de los 75 compromisos, y como preludio de la Gran Marcha, los sicarios cosecharon 31 cadáveres. Ejecuciones en el norte y el sur, y como respuesta macabra a alguien que se atrevió a decir que Yucatán era uno de los estados más seguros, adornaron la Ciudad Blanca con 12 decapitados. Todo parte de lo que los medios han bautizado como "la semana roja" -la previa a la manifestación de "Iluminemos México"- que llega así a las 120 víctimas. No quedó muy claro si el Consejo lo ofreció "motu proprio", o si representantes de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales se lo exigieron, pero hasta donde sé, hay un plazo de 100 días, contados a partir del jueves 21 de agosto, para que se den a conocer públicamente los resultados de las 75 obligaciones. El diálogo en gules entre el orden y el desorden, que a veces recurre al lenguaje común en las ya famosas y frecuentes narcomantas, pero que es más elocuente en los filos y en el plomo, se resume en el aparente compromiso de Ejército y policías de pegarles -porque acabar es un sueño imposible- donde más les duela a los sicarios, y la evidente táctica de éstos de dar primero, dar dos veces, y no dejarse ninguna vez. Lejos de mí el pesimismo y el desánimo en un asunto tan triste y arriesgado para este país noble y generoso al que amo tanto. Ruego, porque para muchos de nosotros el único fusil es la plegaria, que se imponga la ley, que triunfe la justicia, que México vuelva a ser el país de las sonrisas. Que el saldo de estos 100 días para el Consejo Nacional de Seguridad no repita el paisaje del campo belga que contempló, elegíaco, el originador ilustre de esta cronología luctuosa. Visitas en tanqueta.- Según doña Ruth Zavaleta, quien se despidió de su presidencia diputaderil en una tan feérica como virtual explosión de cocteles Molotov, medio millón de personas están vinculadas con la delincuencia en México. Viene lo anterior a cuento y cuentas, porque la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal ha programado 50 mil visitas domiciliarias en los próximos seis meses. ¿En busca de delincuentes? ¿Tratando de localizar la fábrica de explosivos caseros que denunció la guerrera guerrerense? Nada de eso, mi señor: puras "public relations". Ganarse la confianza de la ciudadanía, que la gente sepa -o que deje de saber- qué esperar de las autoridades policiacas. El problema está en que, si la vicepresidenta de la Cámara está en lo cierto en cuanto al porcentaje de población que usa falda hampona, una de cada 10 casas de las que visitarán los cuicos será expropiable. Y los van a recibir con descargas de esas que ni Villa hubiera aguantado. Entonces, el consejo es que sí vayan y hagan su lucha para reinstaurar la política del Buen Vecino (así les decían a principios del siglo pasado). Pero que lo hagan en tanqueta y con chaleco de kevlar, porque la gente es muy cabrona. Columnas anteriores
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