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Opinión
![]() Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Y te he de ver por las calles de Victoria...
Organización Editorial Mexicana
27 de agosto de 2008
De las primeras muestras de folclor urbano en el Distrito Federal son las canciones "Como decía Colón en la Reforma" (Como decía Colón en la Reforma, me importan madre toditas las estatuas, y el santo padre que tengo aquí a mis plantas, me importa madre que me quieras o no ")y "Las calles de Victoria "cuyos primeros versos, si no mal recuerdo, eran: "Y te he de ver, por las calles de Victoria, todo vomitado y lamido de los perros, y es por mi amor".
Nada del segundo ejemplo se aplica, por supuesto, al licenciado Víctor Manuel Camacho Solís, excepto que el lunes se le vio salir de la sucursal del Monte de Piedad que se encuentra precisamente en las calles de Victoria y Luis Moya. Nada de vomitado ni lamido de los perros: impecable en su terno gris de presumible casimir inglés, con el que la media impresa y electrónica lo difundió sustituyendo los resultados de la consulta ciudadana sobre Pemex con ladridos, perdón, me confundí con lo de las lamidas, con amenazas y ultimata. En línea con la advertencia contra un mayoriteo del PRI y el PAN para aprobar una reforma energética que no tome en cuenta la consulta que coordinó don Víctor Manuel, la gente que, como decía Rilke, todo lo toman con mano enemiga, ha comenzado a susurrar que su visita al Montepío tuvo como motivo empeñar algunas pertenencias personales que le permitan financiar el "restablecimiento de enfrentamientos y movilizaciones" con que amagó. Y es que del PRD de Acosta Naranjo ya dijo que no le va a dar ni un quinto para sus desmadres. Camacho, sin embargo, tiene mucho de qué echar mano: primero, lo que le dejó la regencia capitalina, que no fue moco de pavo, porque inventó los ambulantes y los taxis piratas, y luego las herencias de su suegro y de su primera esposa. En fin, haga lo que haga y cómo lo haga, hay que reconocerle a Camacho dos cosas: es un verdadero demócrata y, o tiene los pantalones bien puestos o la conciencia muy tranquila. Porque el lunes andaba por el centro más solo que la una, sin achichincles ni guaruras. Caminando despacio y sin voltear para ningún lado. Si alguien lo hubiera señalado y hubiera dicho: ahí va el exregente, el expresidenciable, el exdelfín de Salinas y ahora el consejero más influyente del opositor más formidable que tiene el gobierno, al verle así de suelto y despreocupado, nadie lo hubiera creído. CON EL PERIODO ATRASADO Cuando a las mujeres se le retrasa el período eso puede significar que las cosas pintan muy bien o muy mal, dependiendo de si tiene editor responsable, que tan de humor está para la dulce espera, y de ese fallo de la Suprema Corte de Justicia que puede desatar una de las guerras floridas con más macetas que flores de la historia. Eso es en el caso de las damas. Pero cuando a una Asamblea se le retrasa el período, y ese es de sesiones extraordinarias, para acabarla de amolar, no hay opciones. Como a una niña de 12 años, la cosa se le está poniendo peluda. Resulta que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con ultramayoría perredista -de la mala para el grupo del antes mencionado Víctor Manuel Camacho, de la buena para todos los demás- había decidido iniciar ayer una serie de sesiones extraordinarias para aprobar, como dictámenes estelares, la reasignación de sexo, el transporte escolar obligatorio y la ley de obras y licitaciones públicas. En total serían alrededor de 50 los que subirían al pleno. Pero con los asambleístas tomando sedes y otras gracias, no hubo quórum, y el periodo extraordinario comenzará hoy, si es que comienza. Si no, los transexuados tendrán que seguir esperando por su nueva credencial del IFE y los niños seguirán en el coche llevados por sus madres, contaminando y dándole al tránsito en la ídem. Columnas anteriores
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