Opinión / Columna
 
Vientos 
Jaime Pardo Verdugo 
Sobre Nicolás Maquiavelo
La Voz de la Frontera
31 de mayo de 2013

  Me acerqué a un grupo de personas que escuchaban con suma atención a un hombre que acompañaba sus palabras elocuentes con la mímica de sus manos. Supuse una perorata política, y aunque de hecho lo era, no versaba sobre la actualidad electoral, no era así, pero sí hablaba de política porque disertaba sobre la vida y procesos humanos personales de Nicolás Maquiavelo, un personaje histórico del que todos hacen referencia sin saber de cierto lo que fue o quien fue.

Ignoro si ilustró a sus oyentes el conspicuo disertante del dato onomástico. Lo supliré en todo caso pero encapsulado: Nicolás nació en el año de 1469 y murió en Florencia en 1527. Fue entre otras cosas embajador en Italia, Francia y Alemania, y fue consejero de León X. En una época, por su pensamiento crítico, fue encarcelado y torturado, terminando sus días en el ostracismo y más pobre que el sabio aquél que para alimentarse iba recogiendo las hierbas que otro sabio tiraba a su vera. Nadie pudiera creer que fue un señor escritor de bello estilo literario y de enorme cultura universal que le brindaba el conocimiento de los diversos comportamientos políticos. Eso es, quizá, lo que en Maquiavelo se reconoce pero tomando en cuenta su realismo, con lo que le han fabricado una arquitectura mental negativa, de tal forma que lo que en política sucede - cuando menos en un país inculto como México- se convierte en "maquiavelismo". ¡Qué poco se conoce del gran escritor que nos dejó obras políticas como "El Príncipe", teatrales como "La Mandrágora" y de otros géneros como "Anales de Italia", "Discursos sobre las Décadas de Tito Livio" y una novela: "Felfegor".

Maquiavelo ha sido criticado por llevar a la gente ilustrada y comprometida en lo político, el aterciopelado poema de los sueños frente a la dura realidad de la política que tuerce los caminos de la ética y la moral para alcanzar el "éxito". El problema, en el tiempo, fue que en lugar de aposentarse su lucidez dentro de un marco de oro, quedó en el pantano sombrío del peyorativo. Ese, para hablar con la verdad del escribidor, no es Maquiavelo, el que afirma que "los pueblos libres tienen dos pasiones: la de engrandecerse y la de conservar su libertad". Y esto otro: "Todos los príncipes (presidentes hoy) deben desear reputación de clementes y no de crueles, pero sin hacer mal uso de la clemencia". Maquiavelo fue, en realidad, un filósofo; por eso pocos lo entienden.


 
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