Opinión / Columna
 
Claudia Sofía Corichi  
Adultos mayores vulnerables
Organización Editorial Mexicana
24 de junio de 2010

  Por "vulnerabilidad" se entiende la mayor o menor capacidad de una persona o grupo de personas para anticipar, sobrevivir, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza natural o humana, implicando una combinación de factores que determinan el grado hasta el cual la vida y la subsistencia de alguien quedan en riesgo por un evento de la naturaleza o de la sociedad.

Los adultos mayores son especialmente vulnerables, debido a enfermedades, falta de ingresos o lo reducido de éstos y, especialmente, por la desprotección social que sufren; por ejemplo en México, más de 3 millones de adultos mayores no tienen cobertura de ninguna institución social. De entre los adultos mayores, los más vulnerables son aquellos con discapacidad física o mental.

El pasado 15 de junio se festejó el Día Mundial Contra el Abuso y Maltrato de las Personas de la Tercera Edad, establecido por la Organización de las Naciones Unidas. En esa ocasión, especialistas alertaron sobre el incremento del maltrato a personas de la tercera edad que se está dando en nuestro país, ultraje al que son sometidas en razón de su dependencia, sobre todo económica.

El maltrato no es sólo físico, mucho de él es de carácter psicológico o se manifiesta a través de una atención negligente hacia los ancianos o por su total abandono, en ocasiones después de que son despojados de sus bienes por sus propios hijos.

Tan sólo en el Distrito Federal, el 5 % de los adultos mayores refieren haber sufrido maltrato, y 1 de cada 10 manifestó haber sido objeto de violencia física. Las cifras anteriores no son precisas, ya que muchos ancianos optan por no quejarse del maltrato, ante la falta de opciones en que los coloca su dependencia de los mal tratantes. Las agresiones en contra de los integrantes de la tercera edad provienen básicamente de la familia, pero también de las instituciones de asistencia social o de salud, y, en última instancia, de toda la sociedad que los discrimina de diversas maneras, por ejemplo negándoles el empleo.

El número de adultos mayores en México supera actualmente los nueve millones, pero la pirámide generacional está invirtiéndose, y la proporción de adultos mayores está en crecimiento; se calcula que para el 2030 habrá más de 20 millones de mujeres y hombres que superen los 60 años de edad y, lo que es peor, más de diez millones de ellos no tendrán seguridad social.

Debido a la incapacidad de la economía mexicana para emplear a millones de jóvenes que se suman a la población potencialmente productiva cada año; perdimos el bono generacional que representaba ese recurso humano, el que fue a beneficiar a la economía norteamericana, que recibió esa fuerza laboral sin necesidad de asumir los costos de su formación. En adelante, la proporción de jóvenes se reducirá, y la de adultos mayores aumentará.

México debe prepararse para atender a esa creciente población de adultos mayores, tarea que no es fácil si consideramos que no somos capaces de atender debidamente a los que hoy tenemos, la mayoría de los cuales vive en la pobreza.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) calculó en su medición de la pobreza multidimensional 2009, que el 82.8 por ciento de la ancianidad en México vivía en algún grado de pobreza multidimensional. El estudio destacó igualmente que el 12 por ciento de los adultos mayores vive en condiciones de pobreza extrema, porcentaje que sólo es rebasado por el de las niñas y los niños, con el 13 .1 por ciento. Asimismo, las cifras de CONEVAL revelaron que 32 por ciento de los adultos mayores vive en condiciones de pobreza moderada, que 30 por ciento es vulnerable por carencia social y que 4.3 por ciento es vulnerable por ingreso. De manera que sólo el 17.2 por ciento de los mexicanos de la tercera edad no vive en pobreza o vulnerabilidad social, lo que habla de las dimensiones alarmantes del problema.

Nuestro país no puede continuar sin políticas públicas de atención eficaz a la tercera edad; ante la falta seguridad social, sobre todo de la relativa al derecho de gozar de una pensión digna, deben de incrementarse los programas asistenciales y los programas de pensión universal, que afortunadamente ya se han implementado por algunos gobiernos, así sea de manera incipiente, comenzando a hacer menos vulnerables a las mujeres y hombres de la tercera edad que tienen acceso a ellos.

De la misma forma, se deben de incrementar las acciones de revaloración social de los ancianos, empezando desde los programas escolares, para que las personas adultas mayores vuelvan a tener el respeto, reconocimiento y atención que hoy les negamos.

* Senadora de la República
 
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