Opinión / Columna
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Vientos
Jaime Pardo Verdugo
Un 20 de Noviembre más...
La Voz de la Frontera
24 de noviembre de 2009
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Siempre será bienvenido cualquier tipo de festejo conmemorativo de una efeméride histórica trascendente como lo fue el inicio del movimiento revolucionario de 1910; pero a condición de que los conmemorantes entiendan quiénes fueron los que dieron la cara, su clase, su valor y, sobre todo, contra qué fuerzas combatieron para evitar que se escondan en los rincones vergonzantes los traidores a la Patria y sus compañeros extranjeros de viaje.
La renuncia al poder presentada por el dictador don Porfirio, tiene también un motivo de reconocimiento: cuando el hombre poderoso advierte que es el momento de partir porque los mexicanos ya no lo necesitan y deja un país reconocido por todo el mundo y prácticamente en paz.
El movimiento iniciado por don Francisco I. Madero que fue precedido por hombres de la talla de los hermanos Flores Magón, el propio Madero, en su terrible inocencia y candor, lo dejó ir sumido en sus naturales ideas y olvidando que era el pueblo a quien su movimiento se dirigía y no a los generales y empresarios del porfiriato. Madero olvidó que don Porfirio tuvo lejos al general Victoriano Huerta porque lo conocía muy bien. Madero le entregó el manejo del Ejército ofendido por los revolucionarios y así empezó su viacrucis en La Ciudadela, que por cierto fue auspiciado por el embajador gringo en México -no olvidar- Henry Lane Wilson. Una vez más el "buen vecino".
Cuando la verdadera revolución armada se dio luego de la muerte del inocente señor Madero, se abrieron los cauces para los distintos intereses e ideologías, menos pensando en México. Sin embargo su pudo plasmar la Constitución de 1917, en verdad un orgullo por su estructura y su visión social. Pero esta Constitución no logró detener el curso de la infamia, de los asesinatos políticos, de los cacicazgos regionales. La Constitución era -y es aún- como una meretriz sujeta a las violaciones de los poderosos e influyentes. La Revolución Mexicana quedó en una entelequia, en un sueño profundo firmado por más de un millón de muertos en combates de uno y otro bandos. La Revolución se quedó en "la bola" y sus principios, los que el pueblo alentaba y en los que soñó, quedaron sepultados en la historia y hoy tan sólo es un recuerdo, una revolución inconclusa, un sueño más para el mañana, un mañana que las nuevas generaciones sólo lo ven con la angustia de la desesperanza y la falta de un porvenir justo y de progreso. Por todo eso y más, saludo a los mexicanos que sí aman a México. No los que dicen amarlo en fechas de conmemoración patriótica y hacen hasta lo indecible para enterrarlo como los políticos (con sus muy contadas excepciones) y los empresarios que solamente se preocupan por su morral. El 20 de Noviembre anterior, fue uno más.... de holganza.
jaimepardoverdugo@yahoo.com.mx
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