Opinión / Columna
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Vientos
Jaime Pardo Verdugo
Los viejos secantes...
La Voz de la Frontera
20 de noviembre de 2009
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Escribo mucho y a mano (dedos) antes de irme a la antañosa Olympia que si hablara buena cuenta diera de mis exabruptos en su contra y luego mis malos instantes que paso con mis capturistas cuando me fallan y los lectores me achacan culpas ortográficas o de sintaxis que no escribí. Y como eso del hábito de escribir a mano es inevitable, busco, afanosamente, bolígrafos (no acostumbro el lápiz) de bajo precio que no hagan mella en mis casi siempre exiguos bolsillos.
Un día me tropecé, en una tiendita de esas de "todo por un precio" -lo que no es cierto-, con unos bolígrafos con tinta "gel". Y vale decir que supongo son de manufactura china. Lo cierto es que manchan, más que escribir con decoro, las páginas blancas en las que inscribo mis sesudos análisis políticos y diserto con mi genio sobre temas de relevante actualidad cuando no del pasado muy pasado o el reciente que no por ello deja de ser pasado. Y aclaración al canto, no hay presente. Lo más cercano al presente, para no lastimar a los filósofos realistas, es el hoy, pero cuando acabé de escribir esa palabra, ya era pasado como el punto final cuando termine de ponerlo.
En mis tiempos de niño, escribía con unas cosas que se llamaban canuteros. Estos se mojaban constantemente en un tintero para poder seguir con una escritura rasposa que para algunos era elegante siempre y cuando el escribidor tuviera rasgos de elegancia en su escritura, asunto olvidado en la actualidad y abandonado en el baúl de los recuerdos. Pues bien, para evitar que la tinta por cualquier descuido del escribiente manchara la impecabilidad escritural, se utilizaba lo que llamábamos secantes: unos cartones que en una cara tenían un material poroso que absorbía la tinta sobrante y así la escritura se defendía.
Hoy los secantes se perdieron con el advenimiento de las plumas fuentes y los bolígrafos después. Las tintas nuevas tienen una composición química que sea casi al instante. Pero como el poder de inventiva no cesa, hoy aparecieron las tintas "gel" que son un verdadero desastre: parece que nunca secan y si por ventura firma usted un cheque así, los bancos lo rechazan si se ha manchado sin desearlo, es decir por mero accidente.
Si todo pasado no fue mejor como alegan mis opuestos, insisto en que sí lo fue. Claro que no había internet ni computadoras. Hacíamos uso del cerebro y de los ojos para la lectura de textos que hoy se ignoran. Y los maestros eran maestros y los alumnos verdaderos alumnos con las excepciones de siempre. Y había secantes. Esa maravilla que deberán volver por causa de las modernísimas plumas con tintas gel. Uffff.
jaimepardoverdugo@yahoo.com.mx
Cronista de Mexicali.
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