Opinión / Columna
 
Por Correo Electrónico 
La casta (Azul) divina
Organización Editorial Mexicana
18 de noviembre de 2009

  La euforia provocada por la alternancia en el Gobierno ocultó uno de los efectos secundarios: el desmantelamiento de una administración pública profesional y el desmedido crecimiento de una burocracia, más que blanquiazul, dorada y divina.

La oleada de esta nueva aristocracia panista empezó con el "Gobierno" de Vicente Fox y se ha mantenido con Felipe Calderón, con el agravante de que se ha desplazado a profesionales de la administración pública -cuya formación costó al país muchos años y recursos-, para ser sustituidos por personas inexpertas, cuyo único mérito es la cercanía con la élite azul panista o las recomendaciones de la familia presidencial.

En lugar de adelgazar el aparato gubernamental -como había sido siempre la tesis panista- se han creado nuevas plazas "sin ton ni son", con el pretexto de las necesidades del servicio; de 6 mil plazas de mandos superiores, ahora son más de 41 mil.

Este crecimiento desmesurado de plazas, está, además, asociado a otra acción no menos deplorable de los gobiernos panistas, consistente en la burla que han hecho de la Ley del Servicio Profesional de Carrera de la Administración Pública Federal, que establece que casi todos estos cargos pertenecen al Servicio Profesional.

Por lo tanto, los nombramientos respectivos están sujetos a exámenes de admisión y reglas de permanencia.

Los panistas -que presumen como suya dicha ley- no la cumplen con subterfugios legales, y han convertido, en los hechos, dichos cargos en espacios libres de designación, para los "cuates" y cuotas de Felipe Calderón.

La urgencia era dar acomodo a una "nueva clase política", a la cual era indispensable premiar su lealtad.

El sector que más creció fue el de los directores de área, de 4 mil 446 plazas que había en el año 2000, para este 2009 existen 38 mil 427.

En ese lapso se colocó a los miles de panistas involucrados con Fox y Calderón, que constituyen un ejército de "asesores y especialistas" que tratan de justificar el trabajo de sus jefes.

En promedio ganan más de 80 mil pesos mensuales, cuando en 2000 ganaban menos de la mitad. El presupuesto destinado al gasto corriente en el capítulo 1000 (sueldos y salarios), se ha vuelto inmenso.

Se recuerdan a los altos funcionarios de Vicente Fox, como Josefina Vázquez Mota, que cifraba su felicidad en la viudez; o María Teresa Aranda, cuyo compromiso social se medía por el número de piojos adquiridos en su niñez, enseñando el catecismo a los trabajadores de la hacienda paterna.

Y en los de Felipe Calderón, como el ahora exsubsecretario de fomento a los agronegocios, Jeffrey Max Jones, ese "ingenuo" que ejemplificó la sabiduría empresarial de los narcotraficantes.

No se puede dejar de pensar en que el asalto panista al poder significó, de verdad, un gobierno de empresarios para empresarios, ("Fox dixit").

Hay varios ejemplos: el de Karla Rochín Nieto, una decoradora de interiores que "trabajó" como coordinadora de guarderías del IMSS, hasta que la tragedia de Hermosillo, en la que murieron 49 pequeños, puso al descubierto la incongruencia.

Tenía entre sus méritos haber sido compañera de bancada de la actual primera dama; sus ingresos netos eran por más de 96 mil pesos al mes.

Pero como este caso hay cientos que transcurren en el anonimato de la vida burocrática, que causan enorme daño a la administración pública del país.

Los panistas no se han enterado que la administración pública tiene como propósito el servicio, no las ganancias.

Desde el gobierno de Fox, era evidente la falta de pericia administrativa de su círculo cercano. Empezando con su vocera y posterior esposa, la verdad es que no tenían idea de cómo tocar la flauta.

Saltar de la iniciativa privada al sector público no es cosa fácil, más si no se comprende que la racionalidad de Estado es dejar atrás el propio interés, es decir, supone una vocación social que los panistas no tienen y por el contrario exigen trato de "marajás" cuando llegan a la administración pública, y quieren que su "sacrificio" sea compensado con enormes salarios y prestaciones.

Como Javier Usabiaga, quien dejó la cosecha de ajo para "sembrar" sus intereses en el Poder Ejecutivo, o quienes han dejado sus despachos de abogados exitosos, para incorporarse a la Administración Pública Federal.

O con nombramientos extraños como el de Leticia Navarro, vendedora de productos de belleza Jaffra, quien fue titular de la Secretaria de Turismo.

¿Estos servidores públicos, miembros de la casta divina azul, también se apretarán el cinturón? ¿La administración panista reducirá su gasto corriente? ¿El discurso demagógico de austeridad se aplicará en los funcionarios panistas?
 
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