Opinión / Columna
 
El Observador Parlamentario 
Antonio Tenorio Adame 
26 de junio de 2009

  * ¿Calderón como "jefe de partido"? ¿Revivir "Plan de Agua Prieta"?

* Senado privilegia tema electoral, sin tocar el conflicto de los estados

El presidente Calderón ambiciona el triunfo electoral a cualquier costo, para imponer la hegemonía del Congreso y después ejercer el poder total. La prioridad es la seguridad sobre la libertad, con riesgo de perder ambas.

Se encuentra en juego, en tanto, el federalismo de los estados y la libertad de los ciudadanos.

En el entramado político domina en toda su amplitud el tema electoral. Por el contrario, persiste un vacío en torno al asunto fundamental de la nación sobre la situación del grave quebranto de la economía.

La Presidencia de la República ya entró en conflicto con los estados -Michoacán, Sonora, Nuevo León, Coahuila-, lo que no es obstáculo para advertir al gobernador Leonel Godoy que "contra el crimen organizado no se necesita permiso para entrar", al mismo tiempo, se partidiza la política de Estado sobre seguridad pública al encomiar a un gobernante "militante", Marco Antonio Adame, en Morelos.

Por su parte, el alto servidor público, secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, sin atribuciones oficiales conmina al gobernador de Sonora, Eduardo Bours, a "rectificar el tono altanero con el que se dirigió al Presidente".

¿Qué no hay instancias competentes para dirimir las contradicciones de los poderes? ¿Acaso no es competencia del Senado resolver los ataques entre Federación y los estados?

El Senado es atrapado por el torbellino "electorero", su respuesta a la crítica a la reforma recién establecida no es otra que trastabillar para abrir una "Mesa de análisis sobre el modelo electoral, organizado por la Junta de Coordinación Política"

* Soberanía estatal, garantía de seguridad territorial

Felipe Calderón no debe "tirar por la borda" la experiencia mexicana en materia de soberanía emanada en el Congreso de 1824, cuando se planteó la soberanía dual de la Federación y de los estados, plasmada en la Constitución de nuestros días.

Por entonces, mientras unos sólo concedían el poder supremo a la nación, otros constituyentes lograron el reconocimiento de que los estados también "son soberanos en todo lo que concierne a su régimen interno" (Constitución Título Quinto). Esta soberanía subyace en la otra, y es la que se lesiona actualmente.

La larga fila de conflictos entre Federación y estados durante el siglo XIX fue de profundas consecuencias, a los cuestionamientos de la periferia del ejercicio centralizado del poder se respondió con la fragmentación de sus territorios, Zacatecas, Jalisco, Yucatán para llegar al desenlace fatal de Texas con la pérdida de su territorio.

Ya en la posrevolución, en la etapa conocida de lucha de "facciones", un acontecimiento de grandes consecuencias fue la rebelión sonorense que prohijó el "Plan de Agua Prieta"; independiente de su análisis crítico, se percibe como un reclamo al presidencialismo, quien interesado por imponer a su sucesor condicionando el proceso electoral, como ocurre en estos días, llevó al país a un pasaje oscuro.

El mencionado "Plan de Agua Prieta", 24 abril de 1920, recogía en su punto Segundo:

"Que el actual Presidente de la República, C. Venustiano Carranza, se había constituido Jefe de un partido político, y persiguiendo el triunfo de ese partido ha burlado de una manera sistemática del voto popular; ha suspendido, de hecho las garantías individuales; ha atentado repetidas veces contra la soberanía de los Estados y ha desvirtuado radicalmente la organización de la República".

No es necesario repetir el desenlace de la "noche de Tlaxcalatongo" con un Presidente acribillado.

No conviene, por tal razón, convertir al Presidente en "Jefe de un partido político", como ya ocurrió con funestas consecuencias que aún lamentamos los mexicanos.
 
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