Opinión / Columna
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Rutilio Escandón
Infraestructura y desarrollo regional planificado
Organización Editorial Mexicana
11 de agosto de 2009
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Una alternativa para combatir la desigualdad
El patrón de desarrollo regional en México se ha caracterizado por una creciente y continua migración interna de las zonas rurales a los grandes polos de desarrollo del país, lo cual ha originado una alta concentración de la población y de la actividad económica en algunas zonas urbanas que han crecido a ritmos mayores que las zonas rurales.
Es claro también que la expansión urbana no ha sido homogénea, ya que ésta se ha generado en algunas zonas, como por ejemplo, el norte y centro, donde destacan la Ciudad de México y la de Monterrey, con una población urbana de 99 y 92 por ciento respectivamente, siendo las regiones aledañas a estas metrópolis las de mayor grado de desarrollo industrial, al generar el 58.6 por ciento del PIB, y concentrando el 55.09 por ciento de la población ocupada de la nación, en contraste con regiones como el Golfo y Pacífico Sur, donde la mayor parte de su población es rural, y su característica económica es el predominio de las actividades primarias, así como los rezagos en términos de industrialización; en estas regiones se genera apenas el 14.2 por ciento del PIB nacional y la población ocupada es apenas el 23 por ciento del total nacional, siendo los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Campeche, los más afectados por el atraso y la marginación originada por este desigual proceso de desarrollo.
La concentración de infraestructura, servicios y oportunidades de empleo en las grandes localidades urbanas ha contribuido para que en ellas existan mejores condiciones de vida, a la vez que ha dado lugar a profundas desigualdades regionales, que ha orillado a la migración de los habitantes de las regiones más pobres en busca de oportunidades de progreso.
Este fenómeno se ha convertido en un problema estructural del desarrollo económico y social en nuestro país. Panorama ante el cual, algunas regiones que han estado imposibilitadas para impulsar proyectos de gran envergadura industrial, pero que cuentan ventajas comparativas como los recursos naturales y humanos en abundancia, han apostado por el sector servicios, desarrollando economías basadas en sectores como el turismo, el comercio y las finanzas, logrando convertir algunos puntos de su territorio en zonas urbanas.
Sin embargo, en muchas ocasiones la urbanización no ha confluido con un desarrollo sustentable que equilibre y preserve sus recursos naturales, humanos y materiales, que han ocasionado altos costos económicos y sociales para dichas regiones y el país en su totalidad.
Esta problemática nos muestra lo indispensable que resulta una adecuada coordinación entre las instituciones del Gobierno federal y las dependencias estatales para regionalizar las políticas y acciones públicas, elemento central para el progreso integral de la Nación.
Y si hablamos de un desarrollo armónico, el primer requisito sería dotar de infraestructura básica como vialidad, agua potable, alcantarillado y electrificación a todas las regiones del país, ya que estos elementos son indispensables para elevar o en su caso sostener el nivel de vida de la población.
Para lograr estos objetivos, es imprescindible voluntad política y la coordinación de esfuerzos de los ámbitos federales y estatales, haciendo converger la planeación con la preservación ambiental y estableciendo al desarrollo regional planificado (tanto rural como urbano) como parte fundamental e inherente de un federalismo eficaz, lo cual redundará en una Nación con mayor justicia social.
rescandonc@prdleg.diputados.gob.mx
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