Opinión / Columna
 
Jesús Michel Narváez 
Punto de Vista / Jesús Michel Narváez 
22 de septiembre de 2015

  Actuar en política requiere tiempo para concretar proyectos y defender ideales.

Mas, aquello, no parece ser importante para quienes se han convertido en titiriteros dentro del PRD.

¿Por qué se lo digo?

Por las contradicciones manifiestas en la aprobación de los cambios a los estatutos que hicieron los participantes en el XIV Congreso Extraordinario. De un lado, quitan los candados para que los recién inscritos como militantes, mensaje directo a Agustín Basave, no requieran los dos años de militancia para aspirar a la dirigencia nacional; del otro, la limitante para que no se pueda reelegir el que sea interino. Porque de llegar Basave a la presidencia del CEN, lo hará para cumplir el mandato para el cual fue elegido Carlos Navarrete.

¿Bastan dos años para cumplir las expectativas que despierta el que llega?... ¿se trata de que quien decida la nominación del candidato presidencial sea otro y de una corriente que se encuentre controlada?... ¿por quién? Porque Nueva Izquierda, la que ha mantenido el poder en los últimos seis años, está rebasada y muy probablemente corra la suerte de otras en franca decadencia.

No se entiende celebrar un congreso en el que se presume que todo cambiará y al final del día todo siga igual.

Si en el PRD, sus tribus y dirigentes actuales, no se han querido dar cuenta de que viven sus últimos momentos si se aferran al modelo antiguo que, si bien es cierto, les dio poder y que ahora está agotado, serán sus enterradores.

Y no habrá quien o quienes lo salven. ¿A quién le conviene sepultar al PRD? No hay que ser genio para ir por la respuesta. ¿O sí?



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