Opinión / Columna
 
Juan Antonio García Villa 
La experiencia de la vinculación democrática
El Sol de México
21 de septiembre de 2014

  Luis Felipe Bravo Mena, presidente del PAN de 1999 a 2005, acaba de publicar el libro "Acción Nacional. Ayer y hoy", en el que "reflexiona sobre el impacto de la acción de los panistas en su partido y en la vida nacional", y aclara desde el principio que no se trata de una historia de Acción Nacional. Su visión sobre el tema resulta a todas luces interesante, pues el autor fue actor relevante de un momento clave de la historia, cuando por la vía electoral el PRI salió de Los Pinos.

Como se sabe, la pesada maquinaria gubernamental creada en 1929 por el grupo en el poder para mantenerse en éste a cualquier costo, integraba el llamado sistema político mexicano que estuvo conformado por dos elementos principales. Uno de ellos era el partido oficial y el otro el presidencialismo exacerbado, que le permitía a su titular tener el control absoluto de todo el aparato oficial, y a través de él de toda la vida política del país, con mando y mano férreamente autoritarios. Al llegar al poder el PAN en el año 2000, ese esquema dejó de tener vigencia. Es decir, ni Vicente Fox ni Acción Nacional podían aceptar este modelo del presidencialismo priista. ¿Qué esquema decidieron adoptar entonces?

Por convicción doctrinaria y una tradición de seis décadas, el panismo y el nuevo Ejecutivo tenían que inaugurar una diferente forma de relación entre Gobierno (para efectos prácticos el Presidente) y el nuevo partido en el poder. Bravo Mena dice -con razón- haber acuñado y dado contenido al concepto de "vinculación democrática" para definir la conexión entre uno y otro, cada cual en el ejercicio de sus funciones y sin sometimiento de una parte a la otra, como sucedía en el viejo régimen.

Para llevar a la práctica este concepto de vinculación democrática dice que "acordamos crear un mecanismo de coordinación de alto nivel entre el gobierno y el partido, al que llamamos 'Sistema PAN'. Cada semana -explica Luis Felipe-, el presidente Fox y el dirigente del PAN (es decir, él mismo) nos reuníamos con el secretario de Gobernación, el jefe de la Oficina de la Presidencia, los coordinadores de los grupos parlamentarios de diputados y senadores, el secretario general y el responsable de Acción Gubernamental del CEN, para propiciar la conexión funcional y eficaz entre partido y gobierno. El mecanismo -dice- se conservó todo el sexenio y continuó durante la administración del presidente Felipe Calderón" (pág. 55)

Afirma el autor que esta forma de operar el poder, enteramente "de acuerdo con los conceptos doctrinales panistas", tuvo sin embargo excepciones, tanto de un lado como del otro. Así, relata que al darse cuenta de la "permisividad" (de Fox) para que se acariciara la idea de la candidatura presidencial de su esposa Marta, (fue una) cuestión... (que) abordó con ellos en su oportunidad para hacerles ver su total improcedencia" (pág. 352)

En contrapartida, dice que: "En 2002 (Fox) no simpatizó con mi reelección (como presidente del PAN). Cuando gané le dimos vuelta a la página y seguimos vinculados democráticamente" (ibid). El tema, importante desde cualquier ángulo, no sólo da para más, sino que debe ser objeto de mayor y profundo análisis. En particular para que la experiencia vivida sea verdaderamente aprovechable en el eventual retorno de Acción Nacional a Los Pinos.


 
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