Opinión / Columna
 
Juego de palabras 
Gilberto D'Estrabau 
Semana azteca
Organización Editorial Mexicana
6 de marzo de 2010

  El secreto de Beatriz Paredes para ganar elecciones.- Decía Will Rogers, el analista político más profundo, y divertido del siglo pasado, que si él fuera político, escogería un buen discurso y lo usaría siempre, porque eso es lo inteligente (aunque claro, agregaba, si un político fuera inteligente, no sería político).

Rara avis desde la óptica del maestro Rogers, Beatriz Paredes Rangel, presidenta del Partido Revolucionario Institucional ( PRI ) es política y es inteligente. Y debe haberlo leído, porque esa es precisamente su estrategia de comunicación: tomar una filosofía, una propuesta, una plataforma, y no bajarse de ellas. Pagar los tributos acostumbrados a la retórica partidista tradicional, pero mantener lo esencial, cayendo como proverbial gota de agua que termina por perforar la roca.

Así lo hizo Paredes de cara a las elecciones de 2009 y consiguió una avalancha de votos que le escrituró la Cámara de Diputados. Se subió al burro de no IVA a alimentos y medicinas, hasta que lo convirtió en un pura sangre al que los demás cuadrúpedos sólo le vieron el polvo.

Y así lo está haciendo en este 2010, ya en franca campaña por 12 gubernaturas, cuyo triunfo mayoritario convertiría las presidenciales del 2012 en cuestión de mero trámite, para el reingreso de su partido a una casa de la cual decenas de millones de mexicanos están convencidos nunca debió salir.

En esta oportunidad, la presidenta del PRI, sensible y astuta, ha seleccionado como premisas de su discurso dos postulados inconmovibles, uno de 70 años de edad, otro de nueve. El primero es: el PRI sabe gobernar; el segundo, el PAN no sabe gobernar, no tiene rumbo ni experiencia, y ha comprometido lo esencial del país: su economía, su política, sus instituciones y su seguridad.

Sobre eso viene bordando la doña, y todo parece indicar que el mensaje está calando. Claro que, además, es demasiado experimentada y demasiado buena oradora -y es mujer, que ayuda bastante- como para desperdiciar las coyunturas que le ofrecen los rivales para desguazarlos. Por eso los vapuleó inmisericordemente al hablar en la ceremonia del 81 aniversario del partido que preside, teniendo buen cuidado de dejar suculentas porciones de actualidad para que también los otros oradores se lucieran.

Lo cual hicieron cumplidamente, en especial el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quien también paseó su macho: el PRI actúa con responsabilidad y madurez, y hace una oferta clara a los electores.

(La olla hedionda que va a resultar de cocinar juntas las propuestas del PAN y el PRD, y el galimatías indescifrable que van a recibir los ciudadanos como propuestas, Peña los dejó a la imaginación de su audiencia. Aunque claro, cuando llegue el momento de abundar, abundará más que las mentadas que está recibiendo César Nava. A propósito de lo cual)...

Los problemas del ingenioso hidalgo con su escudero Cesancho Navanza.- El presidente Calderón tiene tres problemas -en realidad tiene un putamadral, pero los que a continuación se analizan son los que más le retuercen la chafandrana del campanón- con su secretario particular cum gerente de partido.

- No puede regañar a Nava por las pendejadas que comete, porque aquel lo único que hace es cumplir con sus instrucciones

- No puede defenderlo, porque sería aceptar, al cuarto para las doce de las elecciones más importantes del sexenio después de las intermedias, que todas las acusaciones que se le hacen de que maneja al partido como si fuera una subdirección de la más pinche de las secretarías, y que es él, y sólo él, el inventor y promotor de alianzas, pactos y traiciones, son ciertas.

- No puede ordenar que Nava deje de ser presidente del PAN, porque nunca lo fue y, además, ya a Los Pinos se le acabaron los pinochos. Bueno, no del todo. Todavía queda Lujambio.

juegodepalabras1@yahoo.com
 
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