Opinión / Columna
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Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Tonta tonta, pero no tanto
Organización Editorial Mexicana
4 de marzo de 2010
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A la democracia mexicana le han dicho de todo: incipiente, artificial, aparente, dirigida, adjetivada, falsaria, aventurera, callejera... al grado que ya no se sabe si es un sistema político o un bolero de Fernando Fernández.
Pero el primero que le dice pendeja es el secretario de Educación.
Esta democracia que desprecia le permite al secretario opinar lo que se le dé su tiznada gana sobre ella, y decirlo libremente. Le permite también ser el responsable de la formación cultural y técnica de más de 30 millones de mexicanos, cuando su experiencia profesional ha sido, más que la cátedra, la contaduría bancaria, amén de episodios de burocracia para nada pedagógica, (por lo cual posiblemente nunca aprendió a hablar correctamente el español, como lo ha demostrado tan frecuentemente, que quienes coleccionábamos sus gazapos nos marchitamos de aburrimiento).
Pero la educación popular -algo que inventó Bismarck para que las masas pudieran operar máquinas y armas complicadas- no corre peligro porque Alsonso Locambio sea el aparente conductor de sus destinos. Él sólo cobra en Argentina 28. Al parecer su jechu le dio instrucciones de pasarle el control de la secretaría a una dama cuyo título magisterial es en corte y confección, porque necesitaba al excontador de Banamex para otros menesteres. Como, por ejemplo, redactar la iniciativa de reforma política que envió el 15 de diciembre pasado al Congreso.
La pieza de legislación que ha recibido más críticas, denuestos y burlas, desde que la Iglesia católica y los conservadores propusieron el plebiscito para ofrecer a Fernando Maximiliano José de Hapsburgo-Lorena, archiduque de Austria y príncipe de Hungría y Bohemia, el trono del Imperio Mexicano.
Puede ser que este rechazo tumultuario a lo que él probablemente considera como su obra maestra y Biblia de la salvación nacional, sea lo que orilló al secretario de Educación y aspirante presidencial a calificar de tonta a la democracia mexicana. Porque no aprovecha a su capital humano. Presumiblemente, él mismo.
Pero "haiga" sido por lo que "haiga" sido, de una cosa puede estar seguro el excontador. La democracia mexicana puede ser todo lo tonta que él presuma, pero no tanto como para, si se presenta la oportunidad, ofrecerle otra banda que no sea la del Recodo.
Hombre del Centenario
Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México, probablemente se haya ganado el noble apelativo de "Hombre del Centenario", no porque su discurso conmemorativo del 186 aniversario de la fundación de su entidad haya coincidido con las efemérides gloriosas de la Independencia y la Revolución, sino porque lo que podría ser considerada su oferta política si estuviésemos ya en 2012, está contenida en la aseveración: "México no puede esperar otros 100 años para convertirse en la potencia mundial que merece ser".
Político por vocación, y geopolítico por obligación, Peña Nieto sabe que la grandeza de las civilizaciones viaja con el sol, de Este a Oeste. Así, seis mil años de historia escrita registran el predominio de las naciones del Creciente Fértil y Egipto a Grecia, a Roma, a la Europa de la Revolución Industrial, y a la América, donde ahora reside. Entre los meridianos de su preocupación están dos potencias ya maduras, los Estados Unidos y Canadá, y dos emergiendo, México y Brasil, el primero rezagándose respecto al segundo.
Y cuando el ciclo se complete para este continente, habrá llegado la hora de Asia.
(Por supuesto que Peña usa lo de los 100 años de espera en sentido poético. Si México no logra ahora, en esta primera mitad del siglo XXI, el estatus de potencia mundial que presiente y promueve el gobernador mexiquense, no lo logrará en cien años. Quizá ya nunca, porque para entonces la historia se escribirá en hindi, chino, japonés...).
juegodepalabras1@yahoo.com
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