Sociales
La cueva del Chivo
El Sol de Tulancingo
15 de octubre de 2009

Por Alejandra Bulgueño

Tulancingo, Hidalgo.- Dicen que siete mujeres con los nombres de ave: Alondra, Mirla, Clorinda, Mirta, Paloma, Urraca y Golondrina, formaban compañía extraña y parecían parientas, y aunque no lo eran, por eso los habitantes del pueblo no hacían caso; las siete paseaban, se juntaban cerca del mercado y viajaban a menudo a través de todo el municipio de Acaxochitlán dedicándose a vender o canjear hierbas de ruda, romero, manzanilla y otras más.

Las tres más ancianas eran viudas; dos solteronas, y las otras dos, en edad de casarse. Aunque en realidad no anhelaban el matrimonio, se decía que todas conocían muy bien la "Cueva del Chivo", situada a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Tulancingo, y a poca distancia del pueblo Hña-Hñú de Santana, cueva mítica de donde se dice, habita o vive el Innombrable; cueva que hasta la fecha, los santaneros y otros grupos étnicos le llevan ofrendas, comida, bebidas y se dice que realizan sacrificios de animales. Algunos, a la fecha, se persignan ante el temor del qué pasará allá adentro.

Cierto día, un joven campesino se enamoró de Alondra. Ella, a pesar de que no lo quería, se casó con él por los consejos de Urraca, Clorinda y Mirta, ya que el campesino era rico y convenía a todas para así obtener de él recursos que cubrieran las necesidades de las siete mujeres. Alondra, al casarse, extrañó a sus amigas. Poco a poco su marido se daba cuenta que en su hogar siempre olía a chivo, a pirú, ruda y romero, entre otras hierbas; el hortelano le dijo un día a su esposa: -Alondra, ve a Tulancingo a ver a tus parientes para que no estés triste-. Ella alegre, dijo que sí pero siempre y cuando fuera sola. El marido aceptó, sin embargo, la siguió en su camino.

La mujer se dirigió, no con sus parientes, sino a la casa de sus amigas. Al anochecer vio que las siete salieron rumbo a la "Cueva del Chivo". Se escondió tras un árbol y vio cómo se transformaban en luces volando hacia el espacio, junto a un Chivo que también volaba  en forma de nube.

El campesino se acercó a la cueva prendiéndole fuego. Al amanecer, volvieron las luces al interior de la cueva, pero sólo salieron siete murciélagos y nunca se supo nada acerca de Urraca, Clorinda, Mirta, Paloma, Mirla, Alondra y Golondrina.