Opinión / Columna
 
José Zamora Grant 
Justicia retributiva
El Sol de Tlaxcala
9 de octubre de 2009

  Retribución significa pago, corresponder por algo recibido y en tal significado, se califica a la justicia de retributiva cuando el mal o sufrimiento generado se paga también con un sufrimiento, generalmente de igual o mayor magnitud.

La variable retribución en la justicia penal se encuentra ligada a la idea del castigo, cuya pretensión es hacer sufrir por el sufrimiento ocasionado: el mal que con mal se paga. La idea del castigo aún con sus orígenes remotos se encuentra arraigada en la cultura penal y no se perdería pese al advenimiento del Estado moderno estructurado en presupuestos democráticos con base en la igualdad.

Entender que la fórmula del castigo no es propia de un modelo de justicia democrático sino retributivo resulta simple de deducir; no así pretender que con el simple cambio de organización política y social jerarquizada en términos de dependencia a términos de igualdad, el arraigo retribucionista no persistiría aún en la modernidad. A ello abonarían las persistentes políticas represivas que en mayor o menor medida han ido encontrando en el devenir evolutivo de la justicia penal moderna su legitimación.

La cárcel es la institución por excelencia para la represión del delito en la modernidad, poca imaginación ha habido desde su advenimiento para encontrar alternativas a la prisión, en tanto, ha sido la moderna expresión del castigo.

La utilización de la pena privativa de libertad como la panacea de las sanciones -del castigo-, no es más que el reflejo de un derecho penal que en la modernidad -como antaño- ha priorizado los intereses del Estado por sobre el de los gobernados y por tanto, de las agencias de la justicia penal por sobre los intereses de las víctimas de los delitos y por supuesto, de los victimarios.

La cárcel, sin embargo, ha sido una de las instituciones más criticadas de la justicia moderna debido a que se ha constituido como un instrumento desde sus orígenes selectivo y poco útil para la consecución de la prevención y represión del delito.

Pese a su cualidad represiva y a ser un ente propicio para la vulneración de los derechos humanos, no sólo subsiste hoy día, sino que los sistemas carcelarios en muchos contextos geográficos y culturales se han incrementado y robustecido; en este sentido algunos de los estudiosos de la materia identifican tres causas probables de tal incremento: La primera, atiende a la reflexión de que si la delincuencia aumenta, entonces el número de prisioneros también aumenta; sin embargo tal razón es poco sostenible en tanto no es una fórmula siempre proporcional; existen innumerables casos empíricamente demostrados en los que el delito disminuye y la población carcelaria aumenta y viceversa.

Las otras dos causas identifican algo en común, detrás del crecimiento existe una política criminal más dura y un uso más activo de la cárcel como respuesta a la criminalidad, esto es, una política criminal más severa, con uso más implacable de la prisión.

La permanencia de la prisión es también muestra de que el problema social del delito ha pretendido atenderse, -léase prevenirse o erradicarse- bajo las fórmulas represivas de la justicia penal. Tendencia que ha impedido el diseño, la implementación y el arraigo de modelos alternativos para la atención del problema.

Este es el derecho penal de la modernidad, un instrumento que transita entre la represión y el respeto de los derechos humanos de los involucrados, donde la fórmula siempre es inversamente proporcional y por tanto medible. Si la fórmula es poco respetuosa de los derechos humanos, no importando que la organización política moderna sea con base en la igualdad, o sea democrática, estaremos frente a un modelo retributivo de justicia penal; y sí, contradictorio con las expectativas democráticas del desarrollo de las sociedades modernas.

La justicia penal democrática supone por su parte un ejercicio menos lesivo y más respetuoso de los derechos de los involucrados, donde por supuesto, los de las víctimas resultan por demás importantes en la valoración y donde las alternativas a la prisión son una variable importante en la atención del fenómeno criminal.
 
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