México
Cuesta 8.8% del PIB la destrucción ambiental
Organización Editorial Mexicana
4 de junio de 2009


Jorge Olmedo / El Sol de México

Ciudad de México.- El costo anual de la destrucción ambiental del país equivalió a 8.8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cuyo valor es de 903 mil 724 millones, afirmó Patricia Arendar, directora ejecutiva de Greenpeace México, durante la presentación del documento "La destrucción de México: la realidad ambiental del país y el cambio climático", en vísperas de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente.

Destacó que ninguno de los procesos de degradación de ecosistemas y agotamiento de recursos se han detenido, por el contrario, continúan agudizándose. Esto es grave de por sí, pero a la luz de los impactos del cambio climático global se vuelve alarmante. Los ecosistemas bien conservados mitigan los impactos del cambio climático, pero los ecosistemas degradados los agudizan.

Advirtió que el Gobierno federal sigue planteando una política ambiental que atenta contra los recursos naturales, que privilegia los intereses privados e ignora el bien común. Además, el congreso y los gobiernos estatales tienen cada día menos interés en preservar el medio ambiente, apuestan a un desarrollo económico de corto plazo y no contemplan los impactos futuros del cambio climático.

Uno de los datos más importantes que se destacan en el documento presentado se refiere a nuestra vulnerabilidad frente al cambio climático: "Hasta hace pocos años las autoridades señalaban que había 25 millones de mexicanos en condiciones de vulnerabilidad frente al cambio climático. Hoy, las propias autoridades advierten que 68.2 por ciento de la población es vulnerable a los impactos de este fenómeno (más de 70 millones de mexicanos).

Greenpeace demandó congruencia al Gobierno federal porque indicó, no es posible que en el discurso internacional se pregone que México es un ejemplo de la defensa del medio ambiente y en el combate al cambio climático y en los hechos esté propiciando la destrucción sistemática de ecosistemas con políticas ambientales que no frenan la deforestación, que depredan los manglares, que incentivan el uso de energías sucias como el petróleo y el carbón y que promueven la siembra de transgénicos en nuestro territorio.

Algunos de los datos duros más importantes del documento son los siguientes: en materia de Bosques. De 2000 a 2007, la superficie bajo manejo forestal sustentable se redujo de 8.6 a 6.1 millones de hectáreas, debido a que la política ha privilegiado la reforestación sobre el buen manejo. La pérdida de bosques y su deterioro contribuyen con 14 por ciento de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero del país o GEI. México permanece en el quinto lugar mundial en deforestación. Cada año pierde alrededor de 600 mil hectáreas de bosques y selvas, lo que equivale a perder cada año una superficie equivalente a cuatro veces el Distrito Federal.

Un aumento de 2° C y una disminución del diez por ciento de la precipitación en el país provocarían que más de la mitad de la superficie del país cambiara sus condiciones de temperatura y lluvia, de tal forma que los bosques de pinos y encinos serían afectados ya que no toleran las condiciones cálidas y no podrían adaptarse. Este cambio en la temperatura tendría efectos drásticos en la vegetación y su distribución se vería dramáticamente reducida e incluso desaparecería.

Los recursos marinos están siendo arrasados por el crecimiento descontrolado del sector pesquero, el incremento en la capacidad de captura de las embarcaciones y las capturas ilegales y no reguladas, mientras que 1950 había 44 especies de mamíferos marinos en México. Hoy todas están en alguna categoría de riesgo y dos se consideran extintas. Nuestro país ocupa el primer lugar del mundo por especies en peligro de extinción y el primero en América Latina por especies amenazadas, con 510 especies en total en esas categorías; 63 por ciento está en peligro de extinción y 37 por ciento son vulnerables.

En materia de Fuentes renovables de energía. México tiene potencial para emplear el viento, la irradiación solar, la geotermia y las plantas minihidráulicas para obtener energía. Todos estos recursos se encuentran subutilizados. Para cumplir con las metas establecidas de reducción de emisiones de GEI, el Gobierno tendría que desarrollar los mecanismos, normas y políticas públicas necesarias para el desarrollo de las energías renovables.

En cuanto a las actividades que propician la destrucción del patrimonio natural, cabe señalar que el problema no son las actividades por sí mismas, sino que se llevan a cabo sin medidas de mitigación de impactos ambientales y sin visión de largo plazo. Esto no sólo afecta al patrimonio natural, sino que eventualmente, puede llevar al colapso de las actividades productivas.