Opinión / Columna
Así fue y así es 
Carlos Martínez Aristizábal 
8 de octubre de 2008

  Hace muchos años, cuando después de la Segunda Guerra Mundial se reanudaron los torneos llamados Copa del Mundo, tocando a Brasil su organización, los brasileños tenían un gran equipo, pero en este deporte no hay cuadros invencibles. En el último partido a Brasil le bastaba empatar con Uruguay para ganar la Copa, pero los uruguayos, que ya habían sido campeones olímpicos en Amsterdam y luego monarcas del mundo en su tierra, en 1930, fueron a esa final con los brasileños y les echaron a perder la fiesta al ganarles dos a uno con goles de Schiafino y Gighia en aquel estadio construido para ver coronar a Brasil, llamado Maracaná. Los uruguayos le ganaron a Brasil y dieron una de las más grandes sorpresas en este deporte que nos apasiona. A Brasil nadie le quita su clase, su futbol de lujo, pero fue hasta 1958, en Suecia, cuando se coronaron, pese a que Hungría parecía ser un Sol que todo lo tapaba. Es lo bueno del futbol, que en cualquier momento busca la sorpresa, como en el mundial brasileño del 50, en el que Estados Unidos, con jugadores de todos lados y que en su mayoría no eran profesionales, le pegó a Inglaterra, que era uno de los favoritos para ganar el campeonato, el cual, finalmente, no fue para los brasileños ni para los europeos, sino otra vez para Uruguay.

Luego, ya vienen los mundiales de Suiza, que ganó Alemania, y de Suecia, que fue para los europeos, aunque ya Brasil mostraba su gran categoría. En el 54, Hungría era otra vez el favorito, pero Alemania, con un futbol rústico, pasó sobre los uruguayos y se coronó.

El futbol es así y así será, cuando en cualquier país, en un torneo local, un equipo chico, o por lo menos así considerado, le pega a uno de los grandes y se lleva los honores.

Decíamos que en Suiza, adonde tuvimos la fortuna de ir, ganó Alemania cuando el favorito mundial era Hungría. En Suecia 58, Brasil lució aunque no ganó, y en Chile 62 logró el título, que volvió a perder, aunque en el 70, cobijado por la afición mexicana, ganó el campeonato mundial.

La historia del futbol la escriben los triunfadores, y hay dos países, Alemania y Brasil, que lo han confirmado. Los mal llamados cariocas, los brasileños, ganaron en México, en el 70, pero siempre han mostrado su categoría en cualquier país o continente. México, su gran afición, hizo suyo a Brasil en el 70 y los llevó a ganar.

Un día, un periódico brasileño, refiriéndose al campeonato ganado por el gigante del sur, dijo que más que Brasil, el mundial de México 70 lo ganaron los aficionados mexicanos que apoyaron a los amarillos totalmente, al grado que se sintieron mejor que en su propia casa, según confesaron ellos mismos.

Brasil y Alemania han ganado campeonatos por su gran futbol, pero el apoyo de los aficionados también contó mucho.



Y AL LOCAL

En México, el América anda bien en la general, sin que esto quiera decir que está mostrando un futbol avasallador, que a estas alturas casi nadie lo tiene, pero sí algo fundamental: consistencia. Ojalá sigan por ese camino y que no menosprecien a Jamaica este fin de semana porque no queremos que se levante aquel fantasma gringo del 50 contra los ingleses.
 
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