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Opinión / Columna
Antes que otra cosa, permítame, señor Rafael Inclán, ponerme de pie y brindarle una ovación por haber mostrado carácter y orgullo al retirarse, como lo hizo, de "Hazme reír". Usted ha dado un ejemplo de lo que significa no dejarse manejar como borreguito por unos hermanos que han hecho del reality show una mala broma de lo que significa ese concepto. El domingo pasado este primer actor fue objeto de los designios de los Galindo, porque esa dizque petición de disculpa en video por parte de Sammy no es más que una muestra de querer levantar la audiencia. Pero su hazaña, señor Inclán, dejó ver otros vicios que se tienen en la televisión mexicana. ¿Cuántos conductores de televisión se dejan pisotear por productores con tal de no perder la chamba, como sucedió con Marco Antonio Regil? ¿Qué número de jueces, primero lo apoyan y después tratan de salvar la reputación de una televisora, como Consuelo Duval, y, jamás se pensaría de ellos, como Los Mascabrothers? Señor Inclán, usted ha dicho que sólo retornaría a "Hazme reír" tras una serie de disculpas, pues ni así, porque va de por medio su credibilidad y estatus actoral. Usted es una persona que, como cualquier otra, merece respeto, y si en este momento no lo hace valer no le extrañe que cualquiera tome el rol de los Galindo y se quiera pasar de vivo. Ya vio, hasta el pobre Regil lo desacreditó a usted de inmediato al decir: "Nadie lo obligó a que se fuera, pero vamos a pedirle a 'la Tigresa' que tome su lugar para la calificación. Que venga 'la Tigresa Inclán'". |
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