Opinión / Columna
Daniel Reyes 
De miedo
ESTO
11 de diciembre de 2008

  "¡Chirrín... chirrín!" chirriaba la madera cada que el investigador privado daba un paso en aquel piso de la vieja casona de la calle "Apertura" número 08 en la colonia La Liga. Le habían contratado, pues según los dueños, un espíritu rojo estaba por sentar sus reales en aquel lugar; querían corroborar sus sospechas, por tal motivo el detective de lo paranormal llevaba a cabo sus pesquisas.

No había mucha luz y la pequeña linterna apenas aluzaba algunos metros, las sombras de la noche y las historias que había escuchado mantenían las rodillas del investigador chocando con el acompasado ritmo que sólo el miedo puede componer; asimismo sus esfínteres le amagaban con aguarle el trabajo en cualquier momento; entre que apretaba los dientes y entrecerraba los ojos daba pasos pequeñitos; llegó hasta una puerta y al abrirla se quedó pasmado mirando a un tecolote frío, quietito, como hipnotizado; "El indio puede estar tranquilo porque éste no volverá a cantar" se dijo haciendo uso de un sentido del humor muy setentero, como tratando de espantar su susto. Movió la diestra y vio del otro lado de la habitación a un puma, tirado en el piso como si fuera un tapete, los dientes le castañearon y con todo el valor que pudo reunir; en moneda nacional eran como veinte centavos; salió corriendo; el vuelo le alcanzó para llegar al otro lado del pasillo, justo frente a otra puerta. No era muy devoto, por lo que su equipaje de oraciones iba casi vacío, nomás repetía el primer renglón del "Ángel de la guarda" y dos estrofas de una canción de Roberto Carlos que él siempre había pensado que eran parte de una liturgia.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano giró la perilla y abrió la puerta, muy despacio avanzó, ya no recordaba por qué estaba ahí su mente sólo le daba para tratar de explicarse que es lo que habría de encontrar, poco a poco fue alzando la cabeza; veía puros puntitos de colores por la fuerza con la que apretaba los párpados; tímidamente fue abriendo los ojos, cuando por fin lo logró, sintió que los cabellos se le erizaban, que el intestino grueso contenía un colibrí, que el delgado ya lo iba a traicionar, mientras que inexplicablemente los calcetines le bailaban como un yo-yo. Frente a él, un santito todo jorobadito se encontraba roto y de cabeza, junto, un caballo de mar atravesado como mariposa, completaba el cuadro.

Las palabras de su santa madre retumbaban en su cabecita "Estudia hijo, haz tu tarea", como una maldición de su pasado. Ya no podía más y antes de que le diera, lo que llaman los abuelos, "el soponcio" a causa del pánico; puso en práctica un ejercicio del libro "tae chun fu" que había comprado en la estación Hidalgo del metro y que el vendedor le recomendó ampliamente como: "El camino más corto para encontrar el 'yan-yan'" se colocó en posición de flor silvestre; tal como si fuera a cantar; y respiró, despacio, una y otra vez, entonces recobró la calma y su consciente le dijo que iba en busca del chamucho, pero ¿qué iba a hacer si por fin lo encontraba?... "Aja, ja" pensó; al tiempo que metió una mano al bolsillo derecho de su gabardina; "Sólo esto lo puede derrotar" y levantó una cruz azul, sabiendo que del encuentro, seguro iban a salir chispas.

Cierro con una obra titulada: "llegó la hora"

Toluca se ve muy fuerte ,

La afición está perpleja,

Cruz Azul está caliente,

¡y la final muy pareja!

Y si no, quéjense a la FIFA.

El Pollo de Tlalpan
 
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