Ciencia y Tecnología
Tanatología, una alternativa para el bien morir
Los servicios insuficientes agravan la situación de enfermos terminales. Foto: Archivo / El Sol de México
Organización Editorial Mexicana
7 de diciembre de 2008

Arturo Gómez / El Sol de México

Ciudad de México.- Una tercera parte de las muertes que anualmente se registran en el país, son consecuencia de enfermedades discapacitantes, progresivas y dolorosas, sin que el individuo tenga acceso a una asistencia médica de calidad, ni mucho menos a tratamientos que le sirvan de paliativo a su lenta agonía.

La Asociación Mexicana de Tanatología (AMT) señaló que la propia saturación de los servicios públicos de salud y la imposibilidad de muchas familias de contratar asistencia médica privada, impide una atención personalizada y humanitaria de esos pacientes que llegan al final de sus días con un intenso sufrimiento.

Las enfermedades terminales más frecuentes en mayores de 65 años son: cáncer, afecciones cardiovasculares, arteriosclerosis, artritis reumatoide, cirrosis y diabetes mellitus, todas ellas relacionadas con una vida de estrés y sobrepeso y para cuya curación se requiere de tratamientos largos y costosos que pocas veces se aplican en las instituciones públicas de salud, ya sea por indisponibilidad de camas o equipo médico especializado.

José Manuel Manzano, presidente de la AMT, expone que ciertamente hay una preocupante insuficiencia de servicios del Sistema Nacional de Salud que agravan la agonía de enfermos terminales, pero ello no justifica resolver el problema con medidas drásticas disfrazadas de humanitarias, como es la legalización de la eutanasia a través de la Ley de Terminación de Tratamiento Curativo.

El especialista subrayó que lo primero que hay que hacer es replantear los servicios médicos para atender enfermedades de la población adulta mayor que ha crecido de manera acelerada durante las ultimas dos décadas, y luego proponer medidas de "muerte asistida o pasiva" que en términos estrictos significa poner fin a una vida, independientemente de la enfermedad incurable y sufrimiento del paciente.

"Es lo que se llama suicidio asistido, que en el caso de Holanda se aplica pero una vez agotados todos los tratamientos médicos disponibles; pero en México, donde hay grave insuficiencia de esos servicios ¿Cómo se determina que el paciente ha recibido atención especializada o un adecuado tratamiento que no deje dudas de su desahucio?, preguntó José Manuel Manzano.

Expuso que una alternativa para esos pacientes que son desahuciados en los hospitales públicos para enviarlos a morir a sus casas, es la tanatología, que aunque no ofrece cura ante una enfermedad terminal, ayuda al enfermo a aceptar la muerte de manera natural, suprimiendo sentimientos de desesperanza, culpa, depresión y ansiedad.

"La tanatología ayuda al paciente terminal a aceptar su situación y reconciliarse con la vida y sus familiares, y recibir el momento final con dignidad, paz y tranquilidad, rodeado de las personas que más ama".

Sin embargo, precisó Manuel Lozano, la tanatología es una disciplina científica que poco se aplica en los enfermos terminales que, de manera desafortunada, esperan la muerte con sentimientos de miedo, depresión y desesperanza, cuando pudieron vivir sus últimos días con la conciencia de la trascendencia a la vida eterna. "Es ayudar al bien morir y no acelerar la muerte", enfatizó.

Iliana Petra, del pabellón de psiquiatría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), expresó que la tanatología es poco conocida, porque nadie quiere hablar de la muerte, pero es una ciencia que debe situarse como una especialidad médica ante el cambio de la pirámide poblacional de nuestro país, en el que cada vez es mayor el número de adultos mayores que ingresan a las instituciones de salud con enfermedades terminales.

"No vamos estar aplicando la terminación del tratamiento curativo -eutanasia pasiva-, a todo aquel que sea diagnosticado con una enfermedad progresiva o incurable; por el contrario, debe procurarse un mejor tratamiento tanto físico como anímico para mitigar su dolor y eso es la parte sustancial de la tanatología", precisó la catedrática.



LA EUTANASIA SE APLICA EN MÉXICO

Marcelino Cereijido, fisiólogo del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados (Cinvestad) y Alejandro Herrera Ibáñez, del Instituto de Investigaciones Fisiológicas de la UNAM, coincidieron que la discusión de la eutanasia ya ha sido rebasada por la realidad, porque ya se aplica en México, sobre todo en los hospitales públicos.

"Todos conocemos de historias de ancianos o enfermos terminales que los médicos envían a sus casas porque ya no hay tratamiento disponible o están ocupando un espacio dentro de lo saturado de las instituciones públicas de salud, que inexplicablemente operan aún con la anacrónica estructura de los años cuarenta en que la población no resentía las enfermedades crónico-degenerativas y eran suficientes los servicios de salud".

Todos sabemos -ratificó Herrera- que a los ancianos o quienes padecen una enfermedad progresiva los dejan morir ante la imposibilidad de aplicarles un tratamiento de calidad y de largo plazo, tanto por la falta de equipos como de disponibilidad de camas, lo que prueba que la eutanasia en México y en muchos otros países se aplica disfrazada de muerte natural.

Por su parte, Cereijido señaló que la eutanasia es el derecho de todo individuo a no morir miserablemente cuando se encuentra en fase terminal y es su voluntad que se termine con el tratamiento médico que lo humilla y lastima.

"La muerte es un proceso natural que debe ser aceptada como parte de la propia vida y más cuando se ha rebasado el tiempo natural de vida del ser humano", sostiene el fisiólogo.

Sergio Rueda, director del Instituto de Medicina y Tecnología Avanzada, puntualizó que a pesar de que en México la eutanasia es ilegal y está penada hasta con 12 años de prisión a quien auxilie al suicidio, esto no quiere decir que no se lleve a cabo.

Incluso, subrayó, es hasta con la actitud pasiva de los familiares en que se da término al tratamiento médico por la dolorosa agonía del paciente que vive sus últimos días con anestésicos y degradado por desagradables curaciones.

Esa situación de angustia y desesperanza la sabe muy bien Margarita Cervantes, quien vio morir a su esposo de un tumor cancerígeno que lo postró en cama tres meses, saliendo y entrando de quimioterapias en el Hospital de Oncología del Centro Médico Siglo XXl.

"Hubo ocasiones, cuenta, en que me pedía a gritos que lo dejaran morir por el dolor intenso y su deplorable estado físico. Finalmente la muerte llegó, cuando había perdido el habla y no reconocía a ninguno de sus hijos".

Jorge Herrera fue otro caso. Ingresó al Hospital de Nutrición de la Secretaría de Salud para ser atendido de arteriosclerosis múltiple, pero ante lo doloroso del tratamiento y pérdida de facultades motoras, pidió a su familia se le dejara en paz; su esposa respetó la decisión y murió por insuficiencia respiratoria al negarse a aspirar oxígeno.

Fernando Cano Valle, director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, expone que la eutanasia es un acto que se maneja en la clandestinidad, no en términos criminales sino de compasión y que finalmente es difícil de comprobar porque son varias las causales de muerte en un enfermo terminal.

"Cada individuo tiene derecho a morir dignamente, pero antes de esa decisión debe tener acceso a paliativos y tratamientos dignos que debe proporcionar la cobertura universal de los servicios médicos o, en su caso, la tanatología que ayuda al bien morir", señaló.