Opinión / Columna
Daniel Reyes 
De colores
ESTO
6 de diciembre de 2008

  En el país de los colores se había desatado un problemón; esto era algo fuera de lo corriente pues más allá de que el negro es bien serio, los demás siempre andaban parloteando y riendo entre ellos; aunque hubo una época en que el gris entró en una depresión feroz, pues según él estaba paliducho y era flaco; además vivía con la idea que el verle provocaba tristeza, melancolía, languidez y en el mejor de los casos repelús. Señalaría polémico botudo ex político: "ñáñaras".

Esa época; hoy, todos los colores la recuerdan amargamente, pues fue tan fuerte la crisis del gris que estando en la cúspide del pesimismo, cierto día cambiaba un foco, perdió el equilibrio cayó y se desmayó; cuando se recuperó en vez de volver en "sí", volvió en "no".

Bueno, pero el problema que se había suscitado era que el azul celeste andaba todo orondo, caminando hinchado como pavorreal, asegurando que era el más lindo de todos, el azul (marino de profesión) y el grana (primo hermano del rojo, nomás que intenso cual artista) le compraron el desafío y andaban intentando por todos los medios bajarle los humos; incluso lo persiguieron por toda la colonia Nochebuena sin darle alcance, el azul celeste se notaba motivado, fuerte audaz y valiente tal como si fuera un comercial antigüito de chocolate; el dueto azul-grana se descontroló al ver al celeste tan fuerte, el par se retiró a planear alguna estrategia, por principio de cuentas le invitaron al mar Caribe con la única intención de hacerlo naufragar.

En otro lugar de la ciudad el rojo y el verde se miraban retadores, el colorado como todos sabían, era la esencia de la pasión, de costa a costa, de frontera a frontera en vivo y a todo calor; mientras que el verde, mesurado, irradiaba esperanza a todos lados. Trascendió por el lugar que esas desavenencias tenían historia; añeja historia, que data desde el día en que un ilustre toluqueño inventó el chorizo, pues días después de crear el rojo, creó el verde que competía en todo con su consanguíneo. Así que no se pueden ni ver, para muestra fíjese cuando los vea en alguna bandera ondeando en cualquier parte del mundo no se voltean a ver.

El rojo fue a la casa del verde y con frases punzantes muy equilibrado, contuvo la agresividad de su anfitrión, que por cierto se vio más mesurado que en anteriores ocasiones, como si hubiera guardado energías para irle a hacer ver su suerte al pasional a domicilio. No se despidieron, luego de ese encuentro, cada uno se fue por su lado, el rojo, verde de coraje y el verde con la cara sonrojada. Pero eso sí prometiendo un gran duelo.

Cierro con una obra titulada "de qué color pinta el arco iris".

Sin ser experto colorista,

¡brilla muy fuerte el celeste!

Perdone usted que le insista;

¡y el verde es muy consistente!

Y si no, quéjense a la FIFA.

El Pollo de Tlalpan