Opinión
José Luis Cuéllar de Dios
La importancia de la semántica

El Occidental
21 de noviembre de 2008

Alejada, por fortuna, la discapacidad de los términos peyorativos que por mucho tiempo se usaron, ha llegado el momento de recapitular al respecto. Es indudable que el uso de una inadecuada semántica es algo así como hablar sin entender, recordemos que no existen aciertos ni errores, sólo consecuencias y de entre estas consecuencias, por lo que se refiere al mal uso de la semántica para el colectivo de la discapacidad, ha sido la de haberlos alejado por siglos y siglos de la posibilidad de que la sociedad los mirara con simpatía, cariño y solidaridad. Se ha instalado, de un tiempo a la fecha, indebidamente en nuestra sociedad el término "capacidades diferentes" para referirse a los diferentes colectivos de las personas con algún tipo de discapacidad. Es indiscutible que la única estructura que tiene la mencionada definición es una buena intención, pero de ahí a definir con claridad a las personas con discapacidad, hay mucha distancia. Veamos por qué, todos tenemos capacidades diferentes, por lo tanto no se define con ese término ninguna condición alusiva a los distintos tipos de discapacidad.

Atender a las personas con discapacidad es una forma sutil y elevada de ratificar la parte noble del ser humano. ¿En qué consiste atenderlos? Ante todo, en evitar someterlos a la condición cumbre del terror: el abandono. Evitar someterlos al infierno del olvido es preocuparnos y ocuparnos por conocer su verdadera naturaleza y en consecuencia sus exactas necesidades. Parte de este conocimiento tiene su primer origen en la semántica.

Aquellos injustos y agresivos términos como "mongolito", "tarado", "retrasado mental", "deforme", "anormal", "enfermito", ya sustituidos por otros que los identifican y definen, nos permite tener una clara idea de sus condiciones y alcances: Down, parálisis cerebral, autismo, discapacidad intelectual, definen y ubican, a diferencia del vago -aunque amable- "capacidades diferentes".

La sociedad ha optado, con simplismo y equivocada generosidad, por usar ese término, si bien se trata de una expresión suave y condescendiente, está alejada de lo que requiere la semántica para los colectivos de las diferentes discapacidades. Resulta que usar el término "capacidades diferentes" se utiliza sin medir las consecuencias en cuanto a su efecto social, entendido éste como el tipo de apoyos y necesidades que requieren las personas con algún tipo de discapacidad.

Al respecto, valdría la pena plantear algunas preguntas:

1.- ¿Por qué se prefiere el termino "capacidades diferentes" al de persona con discapacidad, considerado éste último en el constructo general de las múltiples discapacidades?

2.- ¿Cómo podría afectar el uso del término "capacidades diferentes" al de persona con discapacidad?

3.- ¿Qué relación guarda el término "capacidades diferentes" con las de Down, parálisis cerebral, discapacidad intelectual, autismo, etcétera? Para responder las anteriores preguntas debemos tener en cuenta que la semántica sea tal que englobe colectivos de las mismas características de discapacidad, a fin de que la sociedad los identifique y conozca en cuanto a sus alcances, necesidades y limitaciones. En el tema de la discapacidad, como en muchos otros de carácter social, una cosa es describir, otra nombrar y otra muy diferente definir. No olvidemos que la terminología debe colaborar a identificar las limitaciones en el funcionamiento individual de cada persona en el contexto social, principio que evidentemente no cumple la referencia "capacidades diferentes". Los beneficios de una adecuada semántica son:

1.- Define la interacción entre la persona y su ambiente.

2.- Se centra en el papel que deben tener los apoyos individualizados en la mejora del funcionamiento del individuo, por ejemplificar casos: Una persona con Down no requiere de rampas para subir o bajar, a diferencia de una persona con parálisis cerebral, que sí las necesita. Una persona con parálisis cerebral -en la mayoría de los casos- tiene lenguaje, a diferencia de una persona con discapacidad intelectual que carece del mismo.

3.- Tiene en cuenta la búsqueda y la comprensión de la identidad de la discapacidad.

Indudablemente que una semántica adecuada mejorada con el diálogo y la claridad, habrá de ayudar a evitar que las personas con algún tipo de discapacidad sigan viviendo como suspendidas en el tiempo. Hasta ahora y como consecuencia, en parte, de una incorrecta semántica, su pasado su presente y su futuro han parecido uno solo. Amén de los amenes.
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