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Opinión / Columna
Desde hace mucho tiempo, el tema de la "crisis" o decadencia de la Fiesta Brava viene siendo la cantaleta de ciertos críticos que lo tratan en la mayoría de las veces con acentuado pesimismo y hasta en tono festivo, los detractores del espectáculo, como es el caso del autor del libro "La fiesta de los toros y sus tristes verdades" (Logroño, 1962), don Santiago Esteras Gil, quien un día, pudiendo más su sentimiento que su razonamiento, decidió manifestar -en uso de su derecho a opinar "sin ostentaciones, pero también sin miedo"-(¿miedo a quién ?, preguntaríamos) su repulsa contra la llamada fiesta nacional. Afirma el citado don Santiago que es una "verdad de una claridad meridiana" la decadencia de la fiesta de los toros, para las inteligencias más obtusas y aun para los aficionados más fanáticos. Y para demostrarlo, recurre a comparar la época actual (mediados del siglos XX) en la que escribió su libro, con la de los años veinte, época en la que los toros constituían el motivo principal de los juegos de los niños: "florecían -dice- en verónicas, en colocación de banderillas, en suerte de varas, etc.". Los Santos Reyes, que conocían muy bien lo que les gustaba a los niños para sus juegos, les traían capotes de paseo, espaditas plateadas, monteritas... Los niños de hoy prefieren balones, tenis para patearlos, etc., y no les interesa saber algo de toros. No miente ese señor Esteras Gil (si acaso exagera un poco) al afirmar que "antes" jovencitos de 12 a 14 años sabían distinguir un farol de una media verónica y la suerte de matar recibiendo del volapié y en cambio, un jovencito de hoy sabe quiénes integran el equipo de futbol, de su club favorito. Cierto, en nuestro medio, se saben nuestros hijos y nietos los nombres de sus ídolos de las Chivas o del América. Otra observación que hace don Santiago, atinada, ciertamente, es que "en aquella época", los ateneos populares que son las peluquerías ardían en discusiones y comentarios de toros. En nuestro México ya existen muy pocas peluquerías porque quienes acumulamos ya muchas primaveras tenemos poco pelo y los muchachos de hoy prefieren las cabelleras largas , por lo que han cerrado muchos establecimientos ante la escasez de clientes y los que les quedan son muy poco comunicativos. Los aforos de las plazas de toros de Barcelona y Madrid, por ejemplo, eran muy superiores a los de sus campos de futbol, hecho que da lugar a establecer un parangón referente a lo mismo en nuestro país, según lo hemos venido reiterando en este espacio: el estadio le ha ganado público a la plaza de toros. Por cuanto afirma don Santiago Esteras Gil, en su obra se le puede ubicar en el grupo de aquellos que sostienen que todo tiempo pasado fue mejor, lo que es muy, pero muy discutible. Ni todo lo de ayer es mejor ni todo lo de hoy es malo. Y me parece ocioso detenernos en este punto, por lo que ponemos punto y aparte. La Fiesta Brava pasa por un "bache", por una época crítica de la que habrá que sacarla administrándole "medicamentos" adecuados que están al alcance de los que deseamos con vehemencia su revitalización. Con lamentos sólo no la sacaremos de este "bache". ¡ENHORABUENA Polo Casasola!, por tu faena a "Jolgorio" y por tu decisión de rubricarla, jugándotela con la tizona. Y también a ti, Uriel, por la lidia que supiste dar a tu lote. |
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