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Opinión / Columna
En el espectáculo que monté a principios del año que ya mero termina, o sea este, llamado "Felipillo se puso la verde", un soldado que yo representaba hablaba con el presidente Calderón, interpretado por Sergio D' Fassio, y entre muchas cosas que le decía se tocaba el tema de la mota. El irrespetuoso soldado le decía al preciso que en lugar de perseguir y castigar a los que la siembran se les permitiera cultivar la tan famosa hierba, dado que en el mundo entero se dan de golpes por un toque de mota mexicana y acá nosotros la quemamos a lo tarugo, sin sacarle provecho alguno. El tal soldado le sugería al primer mandatario que se podría llegar a hacer una gran industria, MOTAMEX, convocando al campesinado a sembrar sus parcelas con cannabis y así evitar el éxodo de los campesinos al vecino país del norte, por cierto el mayor consumidor de la hierba maldita. El visionario soldado le hacía saber al jefe máximo del peligro que se corría si no se aprovechaba la herencia que la madre naturaleza y nuestros antepasados nos legaron, pues los chinos, que ya poseen los derechos de imagen de la Guadalupana y andan haciendo tequila en polvo, nos pueden llevar al baile haciendo suya nuestra mexicanísima marihuana, industria que sería mucho más redituable que la industria petrolera. El petróleo se acaba, la mota, no. Bueno, todo esto formaba parte de un sketch, pero nunca creí que alguien se lo fuera a tomar en serio, y cuál sería mi sorpresa ahora que me entero de que un legislador, político tenía que ser, se lanza al ruedo y propone se legalice el uso de la hierba vaciladora con el democrático y patriótico deseo de acabar con una fuente de ingresos importantísima para los narcos. Me parece que la idea del soldado que yo interpretaba tenía mucho más fundamento y visión de futuro porque se trataba de beneficiar al campo y a los que lo trabajan, no convertir a los narcos en empresarios a los que se les compraría la maldita droga y transarían con quien estuviera al frente de la Secretaría de la Marihuana y sus Derivados. Ya me imagino al "Pejeloco" enarbolando ahora la bandera en defensa de nuestra mexicana marihuana para salvarla de las garras del imperialismo yanqui. Creo que estamos perdiendo la oportunidad de convertirnos en la primera y más poderosa potencia productora y distribuidora de marihuana del mundo. A lo mejor así, andando todos bien marihuanos, logramos tener un mejor país. El siguiente dicho alteño parecería que se lo hicieron al 'Pejeloco': "A la guerra Andrés no vayas, que una plática amistosa puede que sea más valiosa que el humo de cien batallas". albertorojaselcaballo@hotmail.com |
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