Opinión / Columna
De toros 
El gatomontés 
¿A que sportman doctoró gallito en montevideo?
ESTO
5 de noviembre de 2008

  Una de las más grandes figuras de todos los tiempos que los aficionados mexicanos no tuvieron la oportunidad de ver, fue José Gómez Ortega, "Joselito" (1895-1920)- el más pequeño pero el más grande de todo el "gallinero"-, también apodado "Gallito" por esa razón. Hizo sólo un viaje a América para torear en Lima (Perú) el mismo año de su tragedia de Talavera de la Reina el 16 de mayo, originada por el toro Bailador, de la Viuda de Ortega.

Hay un hecho curioso acaecido cuando regresaba a España y que es muy poco conocido, del que nos enteramos en el libro "Toros y Toreros en el Río de la Plata", cuyo autor es Gori Muñoz, editado en Buenos aires por Shapire Editor (1970). "El 29 de febrero de 1920, año bisiesto, marca una fecha memorable para la afición uruguaya. Joselito toreó en la plaza del Club Guerrita. El torero más grande que haya toreado reses bravas.

"Al solo conocimiento que en Montevideo (la capital de ese país hermano, Uruguay) había toreado su padre- prosigue Gori Muñoz-, acudió a torear en la Plaza del Cerro ante un puñado de espectadores.

"En esa tarde, J.A. Magariños recibió de manos de Joselito la alternativa de matador de toros."

Al respecto dice Cossío que después de torear en la plaza de Acho (Perú) de regreso a España, hizo escala en Montevideo, "en una placita aún no derribada , existente en las afueras de la capital, en la plaza del Club Guerrita, se celebró clandestinamente una novillada el 29 de febrero de 1920 en la que José mató un novillo, otro distinguido "sportman" y el tercero el banderillero Gabriel Hernández (Posadero)."

Don José María -obsérvese-, habla de una novillada y celebrada "clandestinamente", ya que el espectáculo taurino está prohibido en varios países sudamericanos debido a las presiones del gobierno de los Estados Unidos y sus agentes las sociedades protectoras de animales. No cita el Sr. Cossío lo de la alternativa al torero Magariños que Gori Muñoz asienta en su libro.

El famoso pintor taurino valenciano, don Carlos Ruano Llopis, al referirse a los ases del toreo que no vinieron a México expresó que "José Gómez Ortega "Gallito" tenía una llama dentro del pecho que lo hizo ser superior, y esa llama tenía un nombre: AFICION, eso que deben tener todos los toreros y que se está perdiendo, porque la época moderna de la monetización devora todo(...) Muleta en mano tenía el dominio, la variedad, el temperamento y a todos los toros les hacía faena, porque tenía más afición que veinticinco toreros de ahora juntos..."

Muy curiosa también es la descripción que el novelista y ensayista gringo, Waldo Frank, hizo del Maestro de Galves:"Era un clásico apolíneo. Dominaba al toro más con la razón que con hipnótico poder, y toreaba con tal aplomo y con tal frialdad que la enfurecida bestia se dulcificaba y se convertía en sumiso enemigo. En Joselito no había orientación, sino exactitud, pero una vez que dominaba a su contrario su arte se hacía decorativo. Cuando murió España perdió , si no el más emocionante, el más exquisito de sus danzarines trágicos (Sic)".

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Deseamos pronto restablecimiento a Fermín Rivera II para que regrese a los ruedos a incendiarlos con esa "llama" de la que habló Ruano Llopis. ¡Arriba Fermín! Y hasta el miércoles próximo, D.M.
 
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