Futbol mexicano
Después del gol, no pudo faltar la tradicional fila que encabeza Marioni. Foto: Alejandro Gallardo / ESTO
2 de noviembre de 2008
Los Tuzos vuelven a la vida
Óscar Clériga

Cruz Azul parece que no quiere calificar, ni con el peor visitante en la cancha supo ganar. El Pachuca se llevó su primer triunfo de la temporada fuera del Hidalgo; 2-1 fue el marcador en la cancha del estadio Azul, en partido correspondiente a la jornada 15 del torneo Apertura 2008.

Transcurrieron sólo sesenta segundos y el arco de la Máquina estuvo en riesgo. Un gran remate por parte de Paúl Aguilar exigió a Yosgart Gutiérrez, que con un manotazo evitó la caída de su arco. El tiro de esquina posterior a la gran atajada del portero del Cruz Azul, tuvo un segundo capítulo de peligro: Julio Manzur remató con la cabeza y una vez más Yosgart se empleó a fondo para desviar el esférico.

Así arrancó el partido.

Era el preludio.

Fueron avisos de lo que pasaría.

Cruz Azul no supo responder; y cuando lo hizo, no pudo contener el ataque de los Tuzos.

A MANOS LLENAS

El tridente ofensivo que presentó Enrique Meza, conformado por Christian Giménez, Damián Álvarez y Bruno Marioni, ocuparon a la zaga celeste, lo que abrió la puerta a los ingresos por las bandas y por el centro de los mediocampistas de los Tuzos.

La inercia agresiva poco a poco se fue perdiendo, la Máquina tomó el control del medio campo, con la complacencia del Pachuca, que no intentó con la misma fuerza.

El letargo en el que estuvo metido el partido desde que inició el segundo tiempo, se rompió con un "barullo" de por medio. La "Chilindrina" apareció, desbordó como siempre por el sector izquierdo, envío centro templado al segundo poste, donde Hassan Viades se techó, y dejó a Bruno Marioni con total tranquilidad para rematar con la cabeza y vencer a Yosgart. El gol hizo explotar a la barra de los Tuzos y a todo el equipo, que de inmediato fue con el ariete argentino para festejar, como ya es tradicional: todos sentados en fila, con Bruno a la cabeza manejando el tren.

El halo de esperanza llegó faltando cinco minutos. Édgar Gerardo Lugo se levantó, contactó el balón con la cabeza y lo hizo mover las redes. Con este gol la Máquina igualó el partido y mantiene la confianza de la calificación, aunque apareció "un bendito demonio", Damián Álvarez prendió, como decían los antiguos, fuerte, raso y colocado para vencer a Yosgart y dejar la vida del Cruz Azul pendiendo de un hilo, y reforzando con una cuerda la propia.

Los "oles" en contra del Cruz Azul, abucheos, y todo tipo de gritos de desesperación fueron el colofón por parte de la afición cementera. La derrota caló hondo, el objetivo aún está en la mira, aunque la madera para acelerar la Máquina es poca, el miércoles en Nuevo León se jugará una carta, que puede ser la última.

Mientras que para el Pachuca la mitad de semana también presenta una carta, su visita a los Tecos puede abrir aún más el panorama de cara a la Liguilla.

Por lo pronto, es cierto, Cruz Azul no pudo en casa ni contra el peor visitante del torneo.

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