Opinión
Guillermo Cosío Vidaurri
La nacionalización de la industria eléctrica por Adolfo López Mateos

El Occidental
6 de octubre de 2008

La vorágine noticiosa que estamos viviendo debido a graves acontecimientos que se han suscitado en estos días a nivel mundial, nacional y local, han motivado que muchas efemérides trascendentales hayan quedado marginadas y que por esa razón no se hubiese recordado, como hubiera sido debido y adecuado, un evento de carácter nacional que mucho tiene que ver con el desarrollo alcanzado por nuestro país a lo largo de los últimos cuarenta y ocho años. Me refiero a la nacionalización de la industria eléctrica, llevada al cabo el 27 de septiembre de 1960 por el presidente Adolfo López Mateos, mediante la adquisición de las acciones de la empresa canadiense Mexican Light and Power Company, que tenía a su cargo la prestación del vital servicio eléctrico en el Valle de México y en la zona conurbada, incluyendo algunas entidades federativas contiguas a la capital de la República.

Ese acto marcó el inicio de una acción muy amplia de nacionalización, habida cuenta que en su oportunidad fue complementada mediante una reforma al Artículo 27 de la Constitución de la República, a fin de que con fecha 27 de diciembre de 1960, quedase consagrado en el párrafo sexto, el siguiente texto:

"Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transferir, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines".

De esta manera, a través de la reforma transcrita quedó sellado el proceso de nacionalización iniciado dos meses antes y a partir de esa acción nuestro país pasó a ser dueño absoluto de un recurso necesario para impulsar su desarrollo.

López Mateos dio así paso fundamental en la vida de nuestro país; tan trascendental como el que el General Lázaro Cárdenas del Río diera el 18 de marzo de 1938, al expropiar la industria petrolera.

Cabe decir que en el afán de mantener el control exclusivo de nuestros energéticos, el 6 de febrero de 1975, durante el gobierno del presidente Luis Echeverría, se adicionó un párrafo al Artículo 27 de nuestra Constitución, estableciendo: "corresponde también a la Nación el aprovechamiento de los combustibles nucleares para la generación de energía nuclear y la regulación de sus aplicaciones en otros propósitos. El uso de la energía nuclear sólo podrá tener fines pacíficos".

Con esta adición, México tomó para sí el dominio total de los energéticos, dando además al mundo una prueba palpable del pacifismo mexicano, al dejar establecido categóricamente que el uso de la energía nuclear solamente podrá encauzarse hacia fines pacíficos, a diferencia de lo que aconteció y acontece en otras naciones del mundo.

Al referirme a ese tema, quiero dejar asentado el reconocimiento hacia el nacionalizador de la industria eléctrica, pero también a quien lo hizo respecto de la energía nuclear, dada la importancia de ese acto y de sus repercusiones en el desarrollo del país y de sus expectativas hacia el futuro, máxime las condiciones que por agotamiento y fallas administrativas se contemplan en la industria petrolera.

Es conveniente aprovechar la serie de eventos que a nivel nacional se han preparado para conmemorar dignamente el Bicentenario de la Independencia de México, el Sesquicentenario de la expedición de las Leyes de Reforma y el Centenario de la iniciación de la Revolución Mexicana, hechos que acaecieron en 1810, 1860 y 1910, para que también se celebre el Quincuagésimo aniversario de la nacionalización de la industria eléctrica, que como se dijo aconteció en 1960.

Los pueblos deben mantener viva en su memoria los eventos significativos que a lo largo del tiempo han ido conformando las condiciones para el desenvolvimiento de un país y de un Estado.

Por ello, es importante que recordemos y enaltezcamos a quienes a lo largo de la historia pusieron las bases, tanto para que México fuese independiente y soberano, como para que al través de leyes se hubiese conformado institucionalmente, o bien, el que con una Revolución, determinase el fin de una época y la iniciación de una etapa que trajo consigo cambios profundos en la vida nacional.

De ahí también lo conveniente de que aprovechando el ciclo conmemorativo de sucesos notables acaecidos en 1810, 1860 y 1910, sea incorporado el reconocimiento al presidente Adolfo López Mateos por haber propiciado la nacionalización de la industria eléctrica en 1960.

Los mexicanos deberemos celebrar estos aniversarios con júbilo y agradecimiento hacia todos aquellos que ha propiciado el que nuestro país sea libre, soberano e independiente.

Es cierto que tenemos en la actualidad muchos agobios de toda naturaleza: económicos, políticos, de inseguridad y hasta de ingobernabilidad, pero eso no debe impedirnos que recordemos a nuestros prohombres como ellos lo merecen.

Su esfuerzo y participación en nuestras gestas, están ahí y ello es lo valedero.
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