Opinión
Derrotero
Fernándo Amaya Guerrero
Luchador social

El Sudcaliforniano
6 de octubre de 2008

El luchador social, o los luchadores sociales, son individuos que siempre estarán caminando cuesta arriba. Es la esencia de su esfuerzo. Su lucha no es contra las masas hambrientas, tampoco es contra los perseguidos. Va tan lejos, como injusticias registra la sociedad en que se desenvuelven. Es preludio de revolución armada, y se dice armada, porque de hecho, aquella lucha es una revolución.

Los acomodaticios, aquellos que del servilismo hacen su faena diaria no aceptan al luchador social. De él huyen porque temen que el amo lo vea juntos. A un luchador social muy pocos acompañan. Aparte de su verdad que sostienen con heroísmo y sacrificio, la soledad es la constante en su peregrinar.

Cuando se analizan a puerta cerrada los motivos del luchador social, cuando la parte oficial, digámoslo desde esta perspectiva, revisa motivos y razones de los luchadores, y lo hace en forma sincera, sabedor, además, de que sus conclusiones no cruzarán los muros del recinto en que se encuentra, normalmente concluye dando la razón a los luchadores aquellos. Oficialmente nunca lo haría. De hecho nunca lo hace.

¿Por qué? Cuando el estado haga de sus reflexiones íntimas, un manifiesto público se convertirá también en luchador social. ¿Será posible verlo? Ya lo hemos visto nosotros los mexicanos. Lo vimos en 1910-1917, cuando los Flores Magón, por mencionar a precursores eran denostados, perseguidos y encarcelados. A Ricardo Flores Magón, estando preso, las autoridades estadounidenses le ofrecieron "perdonarlo" a condición de que se arrepintiera públicamente de su lucha. Y la muerte del gran mexicano fue la respuesta. Eligió este camino antes de arrepentirse de sus más íntimas y sólidas convicciones. Esa es, por supuesto, la sangre que circula por las venas de los luchadores sociales sinceros.

Estaba leyendo la nota que firma el reportero Gustavo Alonso Alvarez, publicada ayer domingo, que lleva un encabezado donde leemos: "La administración estatal reconoce la actual dirigencia de Aguilar Villavicencio".

Hay detalles muy interesantes en esa nota, que conducen a la reflexión, y nos hablan de una administración pública que en lo más íntimo de su pensamiento quisiera adherirse a la lucha social, pero un análisis que tendría que profundizarse le dice que no es posible ahora, a menos que decida emprender una revolución ideológica en principio, a nivel nacional.

Luis Armando Díaz, el secretario de Gobierno hace una declaración afirmando que la administración estatal seguirá reconociendo a la actual dirigencia de la Sección III del SNTE encabezada por Guillermo Aguilar Villavicencio.

Hay un documento (argumenta Luis Armando) en el que autoridades federales les reconocen la legitimidad de Aguilar Villavicencio. "Estamos atentos a los dos grupos, pero no podemos detener las negociaciones", dice el secretario general de Gobierno, y en respeto a la lógica, dice bien.

Hay un párrafo con el que se concluye la información. Dice así:

"Finalmente el secretario General del Gobierno del Estado, dijo que la administración en turno no puede alentar disputas, y reiteró que en un clima de diálogo, todos los grupos y expresiones pueden ser escuchados y tomados en cuenta, pero nunca se va a actuar al margen de la ley o desconociendo los resultados institucionales".

Creo que la expresión de Luis Armando es correcta, y apelo a un antecedente para creerla también sincera: El estado, que se sepa, no ha metido un dedo en el conflicto que derivó en la toma del edificio del SNTE. La acción de tomar el edificio fue acto interno de un sindicato, y el estado, hasta donde yo sé, no intervino a favor o en contra de grupo alguno.

El estado nos da la impresión de que ahora se debate entre las concepciones íntimas de sus principales cabezas, y la indeclinable obligación de respetar la institucionalidad, como institución que son. En tanto el Estado no reprima a los luchadores sociales, su postura será aceptable, y alentará además, la posibilidad de que un día que no todos veremos, unificar su entusiasmo y su fuerza a la lucha social, abiertamente. ¿Podrá suceder esto?

No aplaudo, el hecho que el estado no reprima. Es deber del estado atender y reconocer la pluralidad de la sociedad, y en el caso de la lucha que libran los maestros de México, su postura, a condición de que no emule la postura del gobierno central, es aceptable.

La no represión al luchador social, tampoco es un regalo del estado. Es simple y llanamente el producto de muchas luchas donde se derramó mucha sangre, como lo prueba 1968.

Lectora, lector:

Cuando a la no represión encontremos un derivado representado en la plena adhesión del estado a la lucha social, estaremos envueltos en una revolución ideológica o armada, como quiera que sea, una revolución que dará a nuestra patria la seguridad de que efectivamente, es independiente. Así lo soñó Ricardo Flores Magón, uno de los más preclaros precursores de la Revolución de 1910. Esa misma que hoy los tecnócratas atacan ferozmente, pretendiendo desaparecerla. Esto lectora, lector, desaparecer la Revolución de 1910, nunca se registrará en México, en tanto un solo luchador social aliente y sostenga su verdad. El estado se adherirá, o no se adherirá a la lucha social, pero ésta finalmente ha de triunfar.

Columnas anteriores
Columnas

Cartones