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Opinión / Columna
Aunque parezca vacilada de "Día de los Inocentes", se confirmó el rumor de que Óscar de la Hoya tendrá un segundo entrenador mexicano en su carrera, con motivo de la farsa que protagonizará con Manny Pacquiao, el 6 de diciembre. La pregunta obligada es: en un encuentro tan desigual, qué podrá decirle en su esquina el veterano preparador Nacho Beristáin a un púgil tan experimentado y ganador de seis títulos en distintas divisiones, aunque, con la tendencia al boxeo ultradefensivo que tiene como sello el jarocho, es muy probable que así provoque que Óscar le conceda más rounds de vida al "Pacman". Si usted examina bien el asunto, es posible que De la Hoya trate de resarcir a Beristáin por haberle quitado a Pacquiao como enemigo natural de Juan Manuel Márquez para el que sería un millonario tercer encuentro entre el de Iztapalapa y el asiático. Las reales peleas, las que el público quería, eran De la Hoya vs. Margarito, y Pacquiao contra Juan Manuel. Usted estará de acuerdo en que si De la Hoya sale a combatir como lo hizo para aquel decisivo octavo episodio de su segundo compromiso contra JC Chávez, podría acabar con el héroe de Filipinas desde el mismo primer capítulo, aunque ello podría causarle un tremendo disgusto a la cadena HBO. Algo totalmente distinto fue cuando el sabio yucateco Jesús "Choláin" Rivero se hizo cargo de las enseñanzas del Golden Boy, al proporcionarle invaluables lecciones de boxeo y de vida al que era aún novato. "Choláin" es un hombre muy culto que ha rechazado incontables ofertas para dirigir a astros consolidados o fuertes promesas, ya que carece de necesidades económicas. Antes de ser pulido por Rivero, De la Hoya era un peleador rústico que se iba a la lona con facilidad por sus ataques atrabancados. Eso le pasó contra rivales muy modestos como Chicho Valenzuela y Giorgio Campanella. En el tiempo en que "Choláin" trabajó con De la Hoya, la prensa estadounidense creó aquella analogía con los personajes de ficción de la cinta Karate Kid. Rivero, al igual que el mítico maestro japonés, siempre ha buscado convertir a sus alumnos en grandes boxeadores y en mejores seres humanos. jlcamarillo@esto.com.mx |
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