Opinión / Columna
Mi Perspectiva 
José Luis Camarillo 
24 de septiembre de 2008

  Las escasísimas arenas que superexisten en esta macrocapital se encuentran en peligro de desaparición.

Primero fue la mancha urbana la que arrasó con lugares de esparcimiento como eran los terrenos que daban cobijo a los campos de beisbol de las distintas ligas de aficionados.

Luego vinieron las grandes plazas comerciales, las cuales asfixiaron a escenarios históricos, como fue el parque del Seguro Social.

Hay que rezar por la Arena México, que con todo y el altísimo precio de su renta, resulta la opción preferida de los promotores, por el lugar en el que se localiza y por su aforo de 16 mil personas para programas de pugilismo y lucha libre.

Actualmente es El Toreo de Cuatro Caminos, un sitio simbólico de la frontera norte-poniente del Distrito Federal con territorio mexiquense, específicamente con Naucalpan, el que es sometido a una lenta destrucción, para erigir ahí un centro comercial.

Por cierto, de este municipio ya se ha escrito que es costumbre que sus agentes de tránsito se dediquen más a quitar placas a automóviles -aunque estén bien estacionados- para nutrir las arcas oficiales y así agotar las boletas que les son endilgadas a diario. Pero ese es asunto aparte.

Ayer, con motivo de la próxima función sabatina en el inmueble de la colonia Doctores que construyó la familia Lutteroth, don José Sulaimán rememoraba algunas de las grandes contiendas ahí realizadas, y junto con Víctor Cota citó aquellos agarrones entre el ídolo José "Toluco" López y Lalo Guerrero.

Asimismo se refirió a aquel protagonizado por Efrén "Alacrán" Torres y Chartchai Chionoi, en El Toreo de Cuatro Caminos, en el que los contendientes se golpearon como poseídos para dar forma a uno de los más sangrientos choques de que se tenga memoria.

El señor Sulaimán habló de ese gran corazón de los pugilistas para apoyar causas nobles, como es el programa del CMB que lleva esperanza a niños enfermos en los hospitales del mundo. Hoy, en una tregua de su rivalidad con el filipino Sonny Boy Jaro, el capitalino Édgar Sosa volverá al CRIT de Tlalnepantla, para regalar algo de alegría y juguetes a quienes deben ser considerados como los más altos merecedores del calificativo de campeones de la vida.

jlcamarillo@esto.com.mx