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Opinión / Columna
La Arena México ofrece una magnífica visión de todo lo que acontece en su cuadrilátero, aun desde sus butacas más alejadas. Este inmueble construido por don Salvador Lutteroth González ha vivido grandes noches, así como algunas tristes, como cuando el ídolo Rubén Olivares se despidió ahí como peleador profesional y cayó noqueado ante un novato desconocido. El 12 de marzo de 1988, el que fuera doble campeón mundial gallo y pluma sufrió una humillación en cuatro asaltos, la distancia más corta en la que haya sido puesto fuera de combate. Nacho Madrid se llamaba el bisoño aquel que, como si hubiese sido víctima de una maldición por ponerle las manos encima a uno de los seres más sagrados de nuestro pugilismo, jamás pudo volver a ganar y pronto desapareció de la escena. El tiempo no perdona y Olivares tuvo que convencerse de que sus facultades habían quedado demasiado atrás cuando se enfrentó a ese rival que tenía marca de 2-2 y no había combatido a más de ocho episodios en su brevísima trayectoria profesional. La Arena México es todo lo contrario al Thomas & Mack Center de Las Vegas, que con todo y su enorme historial -ahí se ventiló la largamente esperada contienda de JC Chávez y el "Macho" Camacho"-, es un lugar incómodo para boxeo. Construido originalmente para encuentros de basquetbol, el escenario ubicado dentro del campus de la Universidad de Nevada ha merecido comentarios de "el peor lugar para combates de boxeo". Claro, eso no importó ante la fascinación que ejercía el solo pronunciamiento del nombre del César, y el público acudió masivamente para implantar una entrada de aproximadamente 19 mil personas, que quedará para la eternidad, ya que, como lo señaló Bob Arum, aquella noche del 12 de septiembre de 1992 su colega promotor Don King permitió que hubiese sobreventa. La México, también conocida como Catedral de la Lucha Libre, puede convertirse nuevamente en el lugar de moda para el boxeo. Por lo pronto, estamos a unos días de que Édgar Sosa haga ahí la sexta defensa de su título minimosca del Consejo Mundial de Boxeo. La combinación de peleadores mexicanos contra filipinos siempre ha dado buenos resultados, de modo que será interesante observar cómo resuelve Sosa los problemas que le plantee Sonny Boy Jaro. jlcamarillo@esto.com.mx |
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