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Opinión / Columna
Efraín Flores tiene diez jornadas para sacar del último lugar del Apertura 2008 al Guadalajara, y los partidos de la Copa Sudamericana para terminar decorosamente su participación dentro del proyecto del dueño del equipo, Jorge Vergara, que disfruta un nuevo capricho: el de comenzar a invitar a entrenadores europeos para que observen a su conjunto y el trabajo que se realiza en las fuerzas básicas, con la posibilidad de firmar un contrato a partir del próximo año para conducir a grandes alturas a las Chivas, que deberán instalarse, después de muchos años, como el mejor equipo de México (una promesa más que sigue sin cumplirse), si tomamos en cuenta que se avecina el gran evento del Rebaño Sagrado, la inauguración de uno de los estadios más modernos del mundo, con la presencia de equipos de alcurnia como podrían ser Real Madrid, Barcelona o Manchester United; en fin, con plata puede hacer lo que le venga en gana el propietario del equipo del pueblo. Es por esa razón que Efraín ha aguantado con entereza las decisiones de su directiva, aunque no le avisen, como fue el caso de la presencia del técnico holandés Ronald Koeman, que dirigió con éxito al PSV de Holanda pero fracasó con el Valencia de España, y que el sábado pasado con las alineaciones del partido Guadalajara-Pachuca, estuvo en un palco observando al que podría ser su futuro equipo. Ya antes del inicio del encuentro, el aún técnico de las Chivas se había enterado "extraoficialmente" de la presencia del entrenador Koeman e incluso tenía lista su renuncia; sin embargo, las aguas se movieron rápidamente para calmar a Efraín, que aceptó esa situación al declarar al final de la bailada que le dio el Pachuca a su equipo, que él era institucional y que ya se le había informado que nada ni nadie lo movería de la dirección técnica del equipo. Sin embargo, después de ese marcador de 5-2 y la caída al último lugar que comparte con Jaguares, Necaxa, Puebla e Indios de Juárez, todo puede suceder si en su partido de la Sudamericana, mañana frente al Aragua de Venezuela, al que venció en el partido de ida por 2-1, y el sábado en el Jalisco ante Jaguares, las cosas no mejoran, y no sería ninguna sorpresa el cambio de entrenador para evitar que el equipo siga en picada. Lo que se ve es que hay un desconcierto general en el equipo Guadalajara. El mismo Efraín no le encuentra la "cuadratura al círculo", ha realizado movimientos en las alineaciones que han descontrolado a los jugadores y uno que se vio fuera de onda fue Sergio Ávila, un jugador talentoso, con mucho carácter y que le da vida a la ofensiva del equipo, pero ante Pachuca no dio una. Pero no sólo es Ávila, también vimos muy acelerado a Omar Arellano, que quería ganar la guerra solo, lo mismo que Ramón Morales, que se movió por todos los rumbos de la cancha en busca de querer tomar el mando y enderezar la nave, pero provocó descontrol entre sus compañeros, principalmente en el cuadro bajo que se convirtió en una coladera que supo aprovechar el Pachuca para anotar cinco goles y pudieron ser más. Definitivamente las cosas no andan bien en el Rebaño Sagrado, y en este desastre no se salva nadie, ni directivos ni técnicos ni jugadores, en cuya descarga hay que agregar que nunca han bajado los brazos y que en cada partido salen a dejar el alma en la cancha, pero lamentablemente sin orden. Y con el permiso de ustedes, vamos a tomar unas vacaciones y ya estaremos en contacto. |
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