Chihuahua
Cronicas Urbanas: Un Paseo por "La Quinta Carolina"
La Quinta Carolina en sus mejores años de esplendor.
El Heraldo de Chihuahua
13 de septiembre de 2008

Por: Oscar Viramontes Olivas

Chihuahua, Chihuahua.- Ubicada al norte de la ciudad de Chihuahua como mudo testigo del correr de los años, se alza una de las construcciones más emblemáticas de la historia local, su nombre "La Quinta Carolina", ya carcomida por el avance implacable del urbanismo actual, lucha por seguir de pie ante los peligros de la delincuencia vandálica que destruye como hormigas cada centímetro de sus paredes junto a la incompetencia de las autoridades que se pasan la bolita para ver quien le pone mano y rescatarla de la muerte total y no se diga de las inclemencias del tiempo que también están erosionando cada parte de su estructura.

Pero, subámonos en la máquina del tiempo para transportarnos hasta el siglo XIX y acomodémonos en la "calesa" para viajar y encontrarnos con uno de los hombres más polémicos de Chihuahua. Recio, con carácter de gente del norte, Don Luis Terrazas, chihuahuense de nacimiento, ganadero de los buenos y político de gran valía para el Estado; querido por unos y rechazado por otros; enemigo, pero finalmente amigo del Benemérito don Benito Juárez García, se mese en su hamaca a las orillas del río Sacramento, viendo las corrientes cristalinas de agua y los murmullos de los álamos provocados por el viento mientras se peina su gran barba. Él, dueño de casi todo Chihuahua, nunca quiso ponerle el término de hacienda a su hacienda como acostumbraba hacer con todas las que tenía repartidas por el Estado. Él, prefirió darle mayor importancia a la residencia que a las tierras, por lo que siendo su casa de recreo y preferida por toda su familia, se decidió bautizarla con el nombre de "La Quinta Carolina", dedicada a su amada esposa, quien siempre estuvo en las buenas y en las malas con él; se trataba de doña Carolina Cuilty (Bustamante) de Terrazas, descendiente de Gabino Cuilty.

La enorme extensión que abarcaba la nueva propiedad de don Luis, bueno, la de doña Carolina, le fue regalada un 4 de noviembre de 1896 para conmemorar ni más ni menos el día de "Las Carolinas". "Era hermosa la casona -decía don Luis- para una bella mujer. Desde el inicio, la consideré una magnífica residencia y me acuerdo haberle mandado colocar en la entrada unas letras muy grandes hechas con bloques de cantera.Cuando llegó el mero día de su inauguración, fue todo un evento entre las "mejores" familias de Chihuahua, pues era como una enorme casa campestre en las inmediaciones de la distante ciudad de Chihuahua".Cuenta además don Luis, que en un principio las tierras de la Quinta, eran parte de una finca llamada "La Laborcita" o hacienda de San José del Sacramento, cuyas actividades principales era la crianza de ganado y la agricultura, bañadas gracias a las aguas del Sacramento, siendo toda la zona como un vergel".

"Llamada también muy al principio como la casa del capitán Falcón (cuando no existía aun la Quinta), la que era visitada por una infinidad de viajeros que iban hacia el norte y los que venían del sur, pues ofrecía la primera construcción un buen punto para descansar sobre las enormes arboledas y las constantes corrientes de agua del Sacramento. Además, se cuenta que un tal Morfi llegaba con frecuencia a los terrenos de "La Laborcita" en los años 1779 a 1982, el cual, junto con unos compañeros salían de la rural población de Chihuahua, alquilando cuartos en la misma casona. El casero, don Alejandro Rico, cobraba la módica cantidad de 500 pesos al año por alquilar la habitación que el mismo Morfi utilizaba pues era uno de sus clientes frecuentes. Pero algunas personas que llegaban al igual que Morfi a pasar por lo menos una noche, no podían pegar los ojos debido a que las camas estaban llenas de chinches, obligando a los cansados huéspedes a dormir muy cerca del panteón del pueblo".

La Laborcita, llegó a pertenecer a la familia González de Cosío. Su ultima representante, Doña Concepción, vendió San José de Sacramento y con ella a La Laborcita a doña Trinidad Horcaditas, esposa del general don Ángel Trías (padre) en los años cuarentas del siglo XIX. A partir de entonces fue llamada "Labor de Trías" con una superficie original de más de 10 mil hectáreas. Fue disfrutada por varios años y representaba un excelente lugar para poder descansar y dedicarse a las diferentes labores del campo. Pero la desgracia vendría para la familia de los Trías ya que don Ángel enfermaría irremediablemente de la terrible enfermedad de tuberculosis en 1867. Los demonios andaban sueltos, decía la gente del lugar las cuales se encaminaban a misa para pedir por el enfermito. Pero ni los rezos y ni las palabras mágicas de los "chamanes" del lugar levantarían a Ángel de su penosa agonía. Al morir, las hijas prefirieron deshacerse de la enorme propiedad.

Ya muerto el señor de la casa, las hijas vendieron la propiedad, adquiriéndola el general don Luis Terrazas, el cual sin escatimar gastos, empezó a construir la que sería "La Quinta Carolina", la que terminaría en 1896. Pero la extensión inicial, se le hacía poco cosa al general, se sentía que no cabía y le faltaba el aire, por lo que empezó a comprar otras propiedades aledañas como "Casa Blanca", "Ojo de Agua" y las "Calabacillas" duplicándose la superficie a más de 22 mil hectáreas, dónde hoy se extiende una enorme mancha urbana, con casas, calles, parques, comercios y mucha basura; ahí, existían extensas zonas donde se sembraba maíz, fríjol y trigo y se criaban todo tipo de animales como bovinos, caprinos, asnos y caballos. Era todo un paraíso en medio del suelo semi-desértico de Chihuahua, por eso don Luis nunca escatimó gastos para tener una verdadera casa de campo al lado de su familia; era como estar en otro mundo, existía casi de todo: agua, sol, buena tierra.

Además de todo eso, para enfrentar las adversidades, se había construido unas bodeguitas para almacenar el grano, caballerizas y una cochera donde guardaban su gran colección de carruajes; una tienda de raya donde los peones comprarían irremediablemente a la fuerza, el fruto de su trabajo; la capilla para rezarle al Creador y las llamadas cuadras, que eran las casas para los trabajadores, digo los peones que sumaban más de 60 y sus familias, con un promedio de 300 habitantes quienes realizaban las "faenas diarias"; algunas mujeres, en las labores de limpieza y cocina dentro de las instalaciones de la quinta; los varones a las actividades de la vaquería, la agricultura, veladores, cocheros, herreros los cuales siempre tenían suficiente chamba pues la enorme extensión así lo ameritaba.

"Pero los vientos de guerra -decía don Luis- empezaban a llegar a Chihuahua y el movimiento revolucionario brotaba como los hongos en todos lados a partir de 1910, por lo que un año más tarde, tuvimos que retirarnos a vivir a la Ciudad de México con todo el dolor de nuestro corazón, pues a la propiedad le había guardado un cariño muy especial por tratarse de un regalo hecho para mi esposa, dejando solo a mi hijo Luis Terrazas Cuilty encargado de todos mis negocios, que eran muchos.La cosa estaba muy fea ya que algunas áreas de la Quinta las habían quemado, no se sí por venganza o por vandalismo, pero los daños no pasaron a mayores al principio.Mi hijo me escribía seguido por carta desde Chihuahua para informarme de las cosas que pasaban, una de ellas decía: "Hoy por teléfono me avisó temprano Francisco Estrada (quien era el administrador de esa propiedad), que anoche quemaron tres puentes que están frente a las casas de La Quinta Carolina. No se sabe si la gente que los quemó son "revoltosos" o cómplices que tengan éstos en la ciudad, en Nombre de Dios o en la misma Quinta. Los puentes son del arroyo los Nogales, el arroyo de la Casa Colorada y el Arroyo Seco. Los revoltosos no han tocado la casa de El Sáuz ni la de Encinillas, ni la Quinta Carolina".

Era desesperante la situación porque solo se escuchaban malas noticias; los periódicos de la época daban cuenta del éxito revolucionario y del derrocamiento del viejo presidente Porfirio Díaz, lo que hacía más difícil el momento para todos los hacendados del país y no se diga para la familia Terrazas que se encontraba dispersa protegiéndose de las agresiones de los revolucionarios. Otros hechos que se plasmaban en cartas y más cartas, era que algunos de los criados de la haciendo aprovechaban el momento para robar o tomar como propio algunas cosas, así lo detalla el viejo general don Luis: "Recibía de parte de mi hijo Luis desde Chihuahua, mensajes de los desmanes que se empezaban a dar en mis propiedades, específicamente en La Quinta Carolina, fue el caso de uno de los sirvientes de confianza llamado Toño Gallegos, quien sin escatimar se llevó un caballo con todo y silla, el cual huyó con él, me imagino que para integrarse con los revoltosos allá por marzo de 1911. Otro asunto que también a mi me dolió y que repercutió en toda la familia, fue que en el merito mes de octubre "La Carolina" fue robada; me dio casi el infarto al saber que los ladrones se habían llevado un botín de más de 100 pesos, el cual fue reportado ante la autoridad, pero como ésta ya estaba al lado de los villistas, solo me quedó por resignarme, que disque todo mundo estaban esperando la llegada del usurpador Madero.Nada podíamos hacer y mi único consuelo era mandar cartas a mis amigos y otros familiares para saber de la situación que se estaba viviendo, pero todo eran malas noticias, así lo expresó alguna vez mi yerno Enrique (Enrique Creel), quien me comentó que la situación estaba canija y que esperáramos cualquier noticia ya que la revolución se había extendido por casi todo el país, en el norte Villa, en el sur, Zapata.Sin embargo, existía una luz de esperanza para todos nosotros, pues si Madero llegaba a ser presidente, lo podríamos convencer de no ser tan malévolo con todos nosotros, pues el mismo Madero, forma parte de los hacendados y terratenientes en México; tenemos miedo, sí, de toda esa gente levantada que nos puede saquear nuestras propiedades " Pero con todo y especulaciones si el nuevo gobierno salvaría las propiedades de los hacendados, la noche de 7 de diciembre de 1913 tras una polvareda que se veía en el horizonte ante el "murmullo" de los coyotes y alimañas nocturnas, llegaba el jefe de la División del Norte, Francisco Villa a La Quinta Carolina. Allí pasó la noche durmiendo en una de las alcobas más bonitas y tomando un refrescante baño de burbujas, aprovechando que los dueños andaban de viaje, muy lejos de ahí. Villa estaba con su tropa para salir al día siguiente para Chihuahua. Con su estancia en la hermosa Quinta, al Centauro se le ocurrió que esa gran casona sirviera como una escuela, más bien como una universidad que le daría espacios educativos a la gente. Y ya como gobernador del Estado, le invirtió algunos miles de pesos para darle una manita de gato, por lo que se contrató a canteros para darle algunas mejoras en el diseño. Para el trasporte del material, el gobierno destinaría otro "fajo" de billetes para la compra de un ferrocarril urbano de Aldama, invirtiendo más de 100 mil pesos.

Fue así que mientras los Terrazas sentían rabia o nostalgia por su querida Quinta Carolina, las cosas en Chihuahua pintaban de otra manera, quedando la propiedad de ser confiscada por las decisiones del nuevo gobernador de Chihuahua, llamado Francisco Villa.

En la próxima entrega, el destino que tuvo La Quinta Carolina durante la revolución y después de esta. Ah, no se olvide que la próxima semana, seguiremos paseándonos de nuevo por esta hermosa Quinta Carolina, la cual forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas.

Fuentes: Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua; México en el Tiempo No 2, 1994; Historiador Jesús Vargas Valdes.