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Toros
Momentos de gran impacto. Foto: Archivo ESTO
4 de septiembre de 2008
La impresión de la cornada
Nacimiento y cambios de la fiesta de toros
Francisco Lazo
AMIGOS, es larga y apasionante la historia taurina de nuestro México y existen recuerdos de sus primeros pasos hasta constituirse en un ícono que ha iluminado una de las prácticas más emocionantes que puedan existir. En la Ciudad de México aparece la fiesta de toros en 1526 apenas cinco años después de consumada la Conquista para crear una tradición llena de pasión y belleza que ha identificado a nuestro país, a su pueblo, dándole un estilo y forma a la lidia de reses bravas. Hernán Cortés trajo de España en aquel año mencionado, toros bravos y levantó una plaza de madera para montar lo que sería andando el tiempo la primera corrida de toros en lo que es hoy la América y su extenso territorio. Cuenta la crónica que aquel festejo en tierras nuevas y conquistadas, absorbió pronto costumbres y maneras que llegaban del otro lado del mar y cuando Cortés y sus capitanes practicaban aquel toreo rudimentario, atrajo poderosamente la atención de los oriundos del lugar que lo hicieron suyo también. Puede decirse que ahí nació el toreo mexicano y lo que pudiera ser una cualidad muy particular para ejercitarlo. Los conquistadores trajeron ganado vacuno de la Península para su alimento y entre aquellas manadas venían especímenes bravos aptos para aquel juego de vida y muerte que tanto les apasionaba y apasionó a los que lo presenciaban. Así nació el toreo en América, crecieron las vacadas y su compañera la fiesta y conforme fue pasando el tiempo fue también cimentándose la afición taurina entre los nativos y mestizos. Y una vez lograda la Independencia, los españoles, los criollos, los mestizos y los naturales del lugar dieron como resultado expresiones nuevas en la lucha del hombre con el animal y ya para mediados del siglo XIX con un México independiente, se desenvolvieron muchas de las prácticas que trajeron los extranjeros a las que no pudieron ser ajenos los nacionales y ejercieron con mayor libertad la lidia de reses bravas. Fue creándose una nueva forma de torear en donde se combinaban el valor de ambos y luego de larga práctica se hizo notable la diferencia de hacer y crear novedosos y lucidos procedimientos para dominar y sacrificar a los toros. Se requería pues de un toro no solamente bravo sino también apto para burlarle hasta el cansancio y después meterle la espada y otra vez las maneras y costumbres de unos y otros fueron reflejándose en el ruedo hasta identificarles por nacionalidades, toreo a la mexicana y a la española, más hecho a la batalla el europeo y más dispuesto a las cosas bellas el americano teniendo como común denominador, la temeridad. El toro también tendría que sufrir una transformación en su imagen y carácter, más voluminoso el de importación y más fino el nativo, pero ambos identificados y movidos por su temperamento belicoso. Y por lo que hace a los toreros, más inclinado a la inventiva el mexicano y con aires de poder el español y en los dos hay arte y cada vez con mayor refinamiento por lo que para torear no sólo debe tenerse decisión sino también un alma dispuesta a crear nuevas imágenes e igualmente un toro que con su furia las genere para ir produciendo piezas cada vez más acabadas. Antes era muy difícil y aventurado torear por la aspereza del animal y la falta de más recursos técnicos para burlarlo, pero ese ímpetu daba oportunidad a un toreo de constantes emociones por el peligro acentuado y siempre latente. Hoy se ha sostenido ese toro, pero al mismo tiempo se ha logrado criar uno blando, dúctil, que aun manteniendo mucho de su peligro natural hace posible el toreo lucido, "liberal", que aun conteniendo riesgos resulta mayormente dócil para torearle más cerca. Esto no quiere decir que desaparezca la posibilidad de un lance desgraciado, pero los públicos lo aceptan a cambio del placer que causa ver torear bonito. Aunque viene sucediendo que las grandes asistencias las que de hecho pagan con su concurrencia el espectáculo, han ido perdiendo uno de los ingredientes más terribles de la lidia, la oportunidad de ver una cornada. Tal consideración parece cínica, pero está demostrado que así es. Y amigos, el tema no termina aquí pronto le daremos continuación. |
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